viernes, 7 de marzo de 2008

Doña Bárbara - Corrupción institucional

La lectura de “Doña Bárbara”, me confirmó la universalidad de las malas prácticas de los poderosos de cualquier época y lugar del mundo, de sus componendas y chanchullos para burlar las leyes, y de su avaricia desmedida. Y de aún peor, al menos para mí,  la sumisión de las instituciones y autoridades a estos poderosos,  a cuyo servicio y consecución de sus bastardos y particulares intereses,  viciosamente se inclinan.

A fin de clarificar lo que quiero decir, citaré sólo dos ejemplos, ambos espléndidos. Empiezo por las llamadas leyes “ad hoc” (*),  latinajo   que  indica, en términos que todos entendamos, están hechas para un fin concreto, es decir, ajustables a algo o alguien en concreto (particular). En la novela, en su Capítulo XII, titulado  “Algún día será verdad”, página 110, se cuenta cómo la doña,  ama y señora del hato "El Miedo" ,  había logrado que una ley importantísima para aquella localidad, - el Llano venezolano, se le conociera como “Ley de doña Bárbara. Porque dicen que ella pagó para que se la hicieran a la medida. (Compró voluntades de los legisladores).

Y sigo con la prevaricación, otra de las más malignas prácticas de los funcionarios corruptos. “Mujiquita” y Ño Pernaletes”, son los nombres asignados por Rómulo Gallegos a  dos de sus personajes, dos funcionarios sobornados, unos prevaricadores consabidos,   a través de cuyos tejemanejes se nos describen los efectos de una extendida y permanente corrupción dentro de los que ostentan y representan al poder y a las instituciones civiles y judiciales; con su correspondiente secuela de iniquidades e injusticias, múltiples y variadas, siempre a favor del fuerte, poderoso y rico,  y, por ende,  en contra del débil, del pobre y del necesitado. Resoluciones anti natura, dictadas en contra del sentido común, acompañadas con las lecturas e interpretaciones sesgadas de la ley a conveniencia del mandamás o cacique de turno, a cuyos intereses y arbitrariedades están subordinados en sumisa e incondicional servidumbre.

La descripción hecha por   el autor venezolano  de estos tipos humanos y de sus inmoralidades, merecen elogio. ¡Con qué maestría se describe la bajeza de Mujiquita!, un juez sumiso, colocado a dedo, quien, a sabiendas de lo que hace y del perjuicio o fraude que con sus sentencias infringe o puede infringir, el muy cínico, no vacila en fallar las más injustas y escandalosas. (pág. 262 y 263).

El lector de esta universal obra,   concluirá- como yo - que es costumbre  de los poderosos, generalizada y antigua,  corromper al más alto nivel institucional, es decir, legisladores y jueces, para la consecución de  sus  particulares intereses y causas. 

Creo que aquí y ahora, España 2007, podría dar múltiples ejemplos.


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(*) Para esto, adecuado a esto.

6 de mayo de 2017: Acabo de hacer unas rectificaciones al comentario que realicé hace unos diez años. Si entonces, 2007, consideré que aquí, España, podíamos dar unos cuantos sonoros ejemplos, no digamos, pues, ahora, en que las crónicas de tribunales por escandalosos delitos de enriquecimiento personal, fuga de capitales, desvío de fondos públicos, evasión de cifras de millones de impuestos, bancarrotas  de cajas de ahorros gracias a la más bien dolosa actuación de sus administradores y responsables,  etc. etc, y muchos más etcéteras; que tienen sentados o por sentar  en los banquillos  de los juzgados a empresarios,  banqueros, altos cargos públicos, ex presidentes de comunidades autónomas, de los distintos colores del arco político… Y, además,  viendo- desgraciadamente,  cómo la resolución judicial se eterniza, primero con la larguísima instrucción de la causa,  en la que el juez se entretiene entre siete u ocho años, para cuando finalmente fijarse el juicio, transcurridos la tira de años de por medio, lo que tanto revuelo y alarma hubiese creado, estar ya completamente si no olvidado si equiparado o acaso totalmente eclipsado por el nuevo clamoroso escándalo. Ni tampoco obviar la doble vara de medir a que nos tiene  acostumbrados  la mal llamada – así lo considero- justicia española, fuerte con el débil, y blandita como una gominola para los fuertes, ricos y poderosos, aunque con éstos tenga en cuenta, si de políticos se trata, del color que dijeran representar. En resumen, ni imparcialidad, ni sorda, ni ciega.  

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