viernes, 15 de mayo de 2015

Carlomagno y sus principios morales, (4) , de G.P.Baker.


Me agradaría poder poner hoy el punto final a esta serie de comentarios suscitados en mí por   la lectura de este interesante libro, escrito por un historiador inglés en torno a la figura y obra de Carlos el Grande, históricamente conocido como Carlomagno, que fue publicado en plena contienda mundial, según se desprende de la fecha de la aparición de la versión  en castellano,  año 1944. El título completo  de la obra es “Carlomagno y los Estados Unidos de Europa”, para cuya elaboración, su autor, George Philip Baker, según nos dice, se basó en la biografía oficial elaborada por el secretario del emperador carolingio, Eginhardo, así como en la abundante documentación y crónicas existentes sobre aquella época. Un brillante estudio, a mi modesto entender, sobre la historia de los lazos y  orígenes comunes de los países  que hoy conforman la Europa Central y Occidental, en el momento histórico comprendido entre  los siglos VIII y IX, d. de C, conocido como Edad Media.

 

Libro en el que con maestría, sencillez de lenguaje, amenidad y  muchas enseñanzas sobre el pasado y su repercusión en nuestro presente, se describe aquella azarosa época, en la que Carlos el Grande fue pieza clave, marcando un antes y después de él. Figura ciertamente legendaria, pero sobre la que Baker, en reiteradas ocasiones, nos advierte acerca de su normalidad, un hombre corriente, que actuó “(trabajó) para establecer una suerte de uniformidad hasta doquiera que su poder llegaba y, conscientemente, persiguió aquel ideal de Cristiandad- es decir- de una civilización fundada en los principios de la moral cristiana(…)Aquellas ideas eran, en el más estricto sentido de la palabra, conceptos morales. Carlos las consideraba como pensamientos infundidos en su mente por inspiración divina. Y los concebía como altamente razonables y benéficos. (…)Cuando anhelaba tierra, fama, poder, los quería como base de las grandes concepciones que debían beneficiar al género humano."(pág.236-237)

 

Estos ideales o ideas adquiridos por Carlos que “apenas sabía escribir y rara vez se entregase a lectura directa (…)pero poseía una mente activa, constantemente ocupada en ponderar todos los asuntos que se presentaban ante él(…)se interesaba en la historia antigua de los países que regía y en los principios de su gobierno” los tomó de un “volumen que fue su familiar compañero y amigo a través de todos sus viajes: La Ciudad de Dios, de San Agustín” (Pág. 118)(…)escrita, según palabras de Baker, por un obispo batallador como una viva polémica dirigida contra todos los adversarios del Cristianismo(…)en aquel libro, pese a las faltas que pueda tener,no haya quedado algo que decir respecto a los problemas de la Cristiandad. Agustín creyó que convenía decir allí todo lo necesario para la comunidad cristiana y lo dijo por extenso y con energía (...)es un libro prolijo(…) Carlos podía elegir ciertos pasajes de especial interés para escucharlos una vez y otra. El libro III, por ejemplo(…)El libro XIX constituye lo que nosotros llamaríamos un tratado de sociología(…)San Agustín discute los deberes, organización y costumbres del cristianismo, y concluye esa parte de su obra manteniendo una opinión que debió interesar mucho a Carlos: la de que “el objeto final de la guerra es traer la paz”(…) Y, sobre todo, hacía palmario que la justificación de todo gobierno y gobernante depende de que aseguren el reino de la ley. Sin justicia, ¿qué es un rey sino un bandolero glorificado? ¿Qué es un reino sin justicia sino una madriguera de ladrones?(…) Los documentos que han sobrevivido a su reinado muestran cuán sinceramente procuró expresar en sus actos aquel sentimiento de justicia entre los hombres que latía en su alma”.(págs.121-123)

 

Bueno, claro tengo que hoy tampoco pongo fin a estos comentarios sobre el libro de Baker. Pues aún quiero hablar de alguna otra cuestión.