miércoles, 11 de noviembre de 2015

Leyendo a Heinrich Heine


Otra de las lecturas de este pasado verano fue el Libro RTV 81, de La Biblioteca Básica Salvat, de Salvat Editores, año 1970, comprensivo de  “Noches florentinas” y “Memorias del Señor de Schnabelewopski”, de Heinrich Heine; con prólogo de Carmen Bravo –Villasante,  (*) autora también de la traducción de la segunda de las narraciones. En dicho prólogo Bravo-Villasante  cuenta con interés y amenidad acerca del célebre poeta alemán y de su obra. Seguidamente, transcribo dos de los  párrafos  más significativos:

“El autor del Intermezzo lírico, de los Cuadros de viaje y de los artículos políticos Sobre Francia, el pariente pobre de los banqueros millonarios, el exilado de Alemania en París por actividades revolucionarias, el aristócrata individualista que ridiculiza la masa y la vulgaridad en nombre de la poesía, está en las Memorias del señor de Schnabelewopski, donde, disfrazado con este nombre estrambótico, ofrece un relato autobiográfico. Heine, tan bueno y tímido, tan agradecido a las mujeres cuando le escuchan con generosa complacencia, que gusta de poner en su divisa caballeresca los nombres de sus mejores amigas: J’appartiens à  Madame Varhagen, …”
el humorismo de Heine es una caja de resorte que nos lanza el muñeco contra la nariz a cada línea…Leyendo a Heine- que admiraba tanto a Cervantes -, se hacen muchas reflexiones sobre el humorismo y sus procedimientos…Él es maestro en la ingenuidad fingidasabe hacerse el bueno para desenmascarar las tristes gracias de la mentira; hipócritamente, es ingenuo, y como sin querer descubre la maldad de la vida,…El ingenio de Heine está siempre al servicio de una idea…La ingeniosidad del autor siempre tiene un fundamento ideológicodio al idioma alemán claridad latina;…El estilo de Heine es único en la literatura alemana…era un hombre que veía claro en su corazón y en sus ideas. Hasta sus paradojas y contradicciones son clarísimas. Hasta su arrepentimiento final se comprende.”
Antes de seguir con el comentario, quiero dejar constancia  que mi   interés por Heine, judío alemán, nació de la lectura del libro de Anny Latour, “Reinas sin corona”, al que destiné ya varios comentarios, y uno de los cuales lo dediqué especialmente  a la figura de Rachel Varnhagen, una de las mejores amigas del poeta. Ambos ilustres representantes de las letras alemanas, nacidos en el seno de familias ricas  de origen hebreo, particularidad que les marcó e influenció de modo determinante en sus vidas y en también en sus obras, pues , al parecer, se sintieron como extranjeros en su querida patria por la “sin razón” del nacionalismo estrecho   implantado entre la llamada élite de la sociedad alemana, en la época en la que les tocó vivir.
He leído algunas de las biografías de Heine, como, por ejemplo la facilitada por  epdlp, la de Wikipedia y la de biografiasyvida.com, direcciones que detallo a continuación y cuya lectura recomiendo. Añado también la de sus frases más famosas, de las que destacaré algunas de las que  más me han gustado:

“Dios me perdonará: es su oficio”. Esta frase,  según leí,  la dijo poco antes de morir. Estuvo enfermo, medio ciego y paralizado en su cama, los últimos ocho años de su vida.
Un amigo me preguntaba por qué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: "Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión".
Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”.


Debo decir que han pasado ya unos meses desde que lo leí,  pero hasta ahora no tuve deseos de comentarlo. El tono de ambas  narraciones es desenfadado; especialmente la segunda, la que, al parecer, es autobiográfica. Algunas de las explicaciones allí contenidas, como las alusivas a la fisonomía  e idiosincrasia de los ingleses, (pág.51) son buenos ejemplos del estilo sarcástico, más bien caustico del que Heine hizo gala.  Párrafos por los que, sin duda, sus destinatarios  puedan sentirse dolidos con el poeta alemán.  Pero que para los demás pueden resultar hasta divertidas y  perspicaces. Característica de la obra de Heine que se ha de tener presente
Siguiendo en su tónica de sarcasmo, pero esta vez, en positivo o a favor, leemos su aprecio por las parisinas o parisienses, cuya contemplación gozosa asimila  a la de la visión de “las mariposas cuando vuelan en el salón, en soirées, y bailes, con sus alas bordadas de gasa, por entre las copas brillantes de cristal de la alegría” (pág.66)  Bonito, ¿verdad?

En este punto de la narración, cuando describe el ambiente propicio de una soireé de la Chausée d’Antin,  leí acerca de Franz Liszt, el genial compositor húngaro a la par que sublime intérprete  de sus composiciones  al piano. Texto que transcribo a continuación, pues para mí fue muy interesante:
“Se comenzó con música. Franz Liszt se había dejado empujar al piano; echó atrás a sus cabellos despejando la frente genial y produjo una de sus piezas más brillantes. Las teclas parecían sangrar. Si no me equivoco, tocaba un pasaje de las Paligenesias, de Balanche,(**) cuyas ideas tradujo a la música, lo cual era de suma utilidad para los que no podían leer en el idioma original las obras de este famoso escritor
También me impresionó, pero ello en la primera de las narraciones, o sea, en “Noches florentinas” cuando explica acerca del mefistofélico Paganini y de su mágico  concierto en Hamburgo, al mismo tiempo que nos habla del pintor sordo Lyser, único hombre – escribe- que haya conseguido trasladar al papel la verdadera fisonomía del afamado genovés, “ de tal manera-  afirma - que la verdad del dibujo asusta y hace reír a un tiempo”. Asimismo resalta la singularidad de que Lyser fuera un entusiasta de la música que escribía crítica de ópera en un apreciable diario de Hamburgo, y – textualmente- dice Heine: “En los signos visibles de la ejecución, el pintor sordo podía ver las notas…hay hombres para quienes las notas mismas no son sino signos invisibles en los que oyen colores y figuras” (pág. 36)


En el capítulo XI, uno de los últimos,  de “Las Memorias del Señor…”, habla el escritor de su estancia en Leyden(Holanda), y lo inicia explicando que la casa en que se alojaba en aquella localidad estuvo habitada en un tiempo por el que él denomina “el gran Jan Steen, al que consideraba “tan grande como a Rafael”, e igualmente grande como pintor religioso, de la religión de la alegría, y a este respecto escribe : “él comprendió que nuestra vida es sólo un beso multicolor de Dios y supo que el Espíritu Santo también se revela espléndido en la luz y en la risa”…Después de haber visto tantos cuadros de Jan en Holanda, me parece como si conociera su vida entera…Todos estos rostros nos saludan desde sus cuadros y una colección de los mismos sería una biografía del pintor. Este ha grabado a menuda con una sola pincelada los más profundos secretos del alma…Él no era un espectro triste, sino un espíritu de la alegría, moderno y claro, que, aun después de muerto, visitaría su taller para pintar cuadros alegres y beber…El recuerdo de Jan Steen era lo mejor o más bien lo único bueno de mi vivienda en Leyden”. (págs. 134-136).


La narración biográfica de Heine la cierra el pequeño Sansón, personaje ficticio, quien como  nos sugiere su nombre, era judío y fiel creyente en Dios, y con cuyas palabras en relación a La Biblia, quiero terminar este comentario:
Es un buen libro. Mis antepasados lo han llevado consigo por el mundo entero y han padecido por él muchas desgracias, odios y escarnios: hasta se han dejado matar por su causa. Cada una de sus hojas ha costado muchas lágrimas y sangre; él es la patria escrita del Niño- Dios, es la sagrada herencia de Jehová.”

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(*) Carmen Bravo-Villasante, ¡menudo descubrimiento! No tenía nada oído respecto a esta ilustre escritora, quien, según escribe Manuel Peña Muñoz , en su artículo titulado “Carmen Bravo-Villasante, mensajera de las hadas “publicado en “Cuatrogatos  revista de literatura infantil”, número 3 ,  julio-septiembre, 2000, del que he seleccionado los párrafos seguidamente copiados y pegados: “A partir de 1945, su actividad literaria sería incansable. Dictó conferencias, escribió artículos para la prensa, redactó prólogos, tradujo cuentos, publicó libros, rescató novelas olvidadas y se relacionó incansablemente con el mundo cultural de España, de Europa y de América, asistiendo a los congresos y ferias del libro de Frankfurt y de Bratislava, de donde regresaba siempre cargada de libros novedosos que había descubierto.
Cultivó extensamente el género de la biografía, interesándose de manera especial en personajes literarios del siglo XIX. Es que ella misma era una mujer romántica. Por eso, no vaciló en identificarse con aquellos artistas decimonónicos, llenos de ímpetu, espiritualidad y valor. Escribió Vida de Bettina Brentano (1959), con prólogo de Dámaso Alonso, la historia de una mujer avanzada para su época, ya que fue la primera mujer periodista que le hizo una entrevista a Beethoven. Luego se sintió atraída por Juan Valera, indagando en torno a su pensamiento humanista, a su personalidad, a su concepción de la vida, a su concepto de Andalucía y a su faceta como diplomático. De aquí resultó Biografía de Juan Valera (1959), a la que siguieron Emilia Pardo Bazán, vida y obra (1962) y Una vida romántica: la Avellaneda (1967). Se interesó, más tarde, en la apasionante vida de Pushkin, en sus amores y en el genio que puso en sus cartas. Tradujo del alemán a los grandes autores del siglo XIX: Goethe, Heine, E.T.A. Hoffmann, Hölderlin, Heinrich von Kleist y difundió también sus vidas románticas.
Interesada en el ser humano y en su psicología, indagó acerca de las vidas de varias escritoras a través de sus epistolarios y diarios íntimos. Su libro Biografía y literatura (1969) da cuenta de sus lecturas y reflexiones en torno a las confesiones y secretos de Emily Dickinson, Willa Cather, Edith Warton, Hilda Doolitle, Edna Saint Vicent Millay y Edith Sitwell, entre otras autoras. Más tarde, cotejó la correspondencia amorosa entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán. Se apasionó con las cartas de Madame de Staël, con las de Charlotte Brontë, con las memorias de Cristina de Suecia y con los cuadernos de viaje de Lady Montagu. Como ella y como la emperatriz Elizabeth de Austria, Sissi, Carmen Bravo-Villasante fue una incansable viajera. Serpenteó por el Rhin, admiró las iglesias de estilo rococó en Baviera, visitó Niza, Berlin, Venecia...donde siempre tomaba un aperitivo en el histórico café Florian...
Acudía siempre a la Feria del Libro Infantil de Bolonia para reunirse con los editores y para ponerse al día respecto de las nuevas corrientes de la literatura infantil. Allí asistía siempre a las recepciones literarias en el palacio D´Accurzzio, disfrutando del ambiente teatral de las veladas.
Permanentemente visitaba el Schloss Blutenburg de Munich, el “castillo de los cuentos de hadas”, la Biblioteca Internacional de la Juventud, donde tomaba apuntes para sus investigaciones, curioseaba libros y se reunía con coleccionistas de libros infantiles de todo el mundo. También estaba presente en las ferias del libro en el parque El Retiro de Madrid, donde le encantaba firmar libros y conversar con los lectores.”
(**)Filósofo francés Pierre Simón de Ballanche. Con el fin de ampliar información detallo dos direcciones: http://etimologias.dechile.net/?palingenesia