sábado, 2 de abril de 2016

Cecilia Valdés (VI) ( Isabel Ilencheta, contrafigura)

Paso a comentar el personaje de Isabel Ilincheta, más que rival de Cecilia, es su contrafigura, pues encarna un tipo de mujer bien distinto al representado por la linda y sensual “mulata”, tanto por sus características personales y distinta belleza - Cecilia física,  Isabel moral - como por su etnia y clase social. La joven  Ilincheta es descrita alejada del canon de belleza femenino., Mujer dinámica, amante de la Naturaleza y experimentada jinete, que le gusta cabalgar airosa por los campos, y también una eficaz administradora (gerente) del patrimonio familiar. Perteneciente a la privilegiada clase de los blancos ricos y de los propietarios de haciendas y esclavos.

El personaje de Isabel, junto con su familia y entorno, los Ilincheta, son descritos en la historia como gentes  de corazón noble y arraigadas convicciones cristianas que se afanan  en practicar; son utilizados  por Villaverde para  mostrar los fuertes  contrastes existentes  entre las clases dominantes cubanas con las diferencias que les separan y les  distinguen. Los Ilincheta, y los Gamboa-Sandoval, son y representan  a los  grandes terratenientes con enormes extensiones de tierra  y de esclavos. Pero diferente, muy diferente concepción y actitud hacia los esclavos, considerados por los  Ilincheta como seres humanos y como tal tratados. Mientras que para los otros, los Gamboa-Sandoval,  aquellos sólo eran una “cosa”, un vil elemento de la cadena productiva, necesario, eso sí, en sus grandes fincas dedicadas al cultivo extensivo de la caña de azúcar. Para resaltar aún más las diferencias entre los Ilincheta y los Gamboa-Sandoval, los primeros son propietarios de un cafetal,  mientras los segundos de un ingenio azucarero en la provincia de Pinar del Río. Provincia situada en el extremo occidental de la isla de Cuba,  de la que era originario el escritor cubano, hijo de un médico que ejerció su profesión  en un ingenio  azucarero.
 
La parte Tercera de la novela, constituida por   nueve capítulos, desarrollados entre las páginas 459 a la 622, es dedicada a la descripción del hábitat, de las construcciones, de los oficios desempeñados por las gentes según su clase social y también su raza,  así como los usos y costumbres cotidianos de los componentes ordinarios, tanto de un cafetal como de un ingenio azucarero.  Descripciones y anécdotas que ilustran el contraste tan enorme existente entre los dueños y las gentes de los unos y las de los otros, antes citado. Los capítulos destinados a “La Tinaja”, nombre del ingenio azucarero, III al IX, resultan especialmente dolorosos, más bien angustiosos los sentimiento que abruman el alma del lector, cuando lee tanta impiedad, tan ilimitada crueldad y la tan inmisericorde como soberbia actitud de un ser humano hacia otro de sus congéneres, considerado inferior. Y no sólo surten estos sentimientos, sino las reflexiones negativas acerca de la condición  de la vil naturaleza de la criatura humana. Capítulos en los que, con maestría, a través del relato minucioso de historias y hechos cargados de verosimilitud, se pone en evidencia la miseria moral de los consortes Cándido y Rosa, de su hijo Leonardo, y de toda la cohorte de individuos, más bien diablejos que colaboraban en la “administración” del trozo de infierno terrenal, llamado “La Tinaja”. Seres indolentes y odiosos.
 
Cierro este comentario, transcribiendo algunas de las citas de Villaverde, al inicio de cada nuevo capítulo,  que  sintetizaban el espíritu de  lo que seguidamente dejaría escrito:

Capítulo IV: Lo más negro de la esclavitud no es el negroJosé de la Luz  y Caballero.
 
Capítulo V: “9. Limpio soy yo, y sin delito…10. Por cuanto ha hallado achaques contra mí, por eso me ha tenido por enemigo suyo.11. Ha puesto en un cepo mis pies, ha guardado todas mis sendas.” Job, XXXIII.
 
Capítulo VI: “Los negros…¡Oh! Mi lengua se resiste a formular de su miserie el nombre.” D.V. Tejera.
 
Capítulo VII: “15. En dónde, pues, está ahora mi esperanza? 16. A lo más profundo del sepulcro descenderán todas mis cosas. ¿crees tú que siquiera allí tendré reposo?” Job, XVII
 
Capítulo VIII: “Ay del señor, que sus vasallos deja /Al cielo remitir su justa queja! Lope de Vega.