jueves, 5 de enero de 2017

“Ben Ammar de Sevilla”,(*) Una tragedia en la España de los taifas, por Claudio Sánchez- Albornoz Sánchez-Albornoz_Claudio

(*) Al percatarme del error de bulto cometido al escribir el título del libro como "Abderramán de Sevilla" me ha llevado a releer , corregir y hacer alguna que otra modificación al texto. ¡Lo siento!

“Ben Ammar de Sevilla”, (*)  Una tragedia en la España de los taifas, por Claudio Sánchez-  Albornoz y Menduiña. Colección Austral, nº 1502, Espasa-Calpe, Madrid, 1972. Un libro de  muy completa edición, en cuya tapa  superior, en su dorso, ilustra al lector con datos biográficos del autor y  sinopsis de la obra.

Es una narración sencilla, de fácil lectura, desarrollada en ciento treinta y nueve páginas, con tipografía de tamaño normal y grandes espacios libres. Características que unidas al interés despertado en mí por la trama, hicieron que prácticamente “devorase”  el libro.

Ubicación deHistoria que parece de ficción, un cuento, pero no lo es. Como expresamente lo advierte su  autor, Sánchez-Albornoz,(1) en el prólogo ‘Mea Culpa’, cuando escribió: “Los personajes principales de esta narración son todos históricos; la mayoría de los sucesos en ella referidos acaecieron en verdad y los otros debieron o pudieron también ocurrir…”; es decir,   Al-Mútamid, Rumaykiya y Ben Ammar son, fueron, reales. Existieron en aquellos lejanos tiempos, siglo XI, de la España musulmana, Al-Ándalus, teniendo como específico escenario principal la Sevilla islámica, un reino taifa.

Ha sido una segunda lectura, la primera lo fue en 1993, pero, incomprensiblemente, -  ahora lo pienso así - la olvidé del todo, personajes y argumento.   Entonces todo lo allí contado me debió parecer irreal, lejano, y muy artificioso: un rey poeta que es más poeta que gobernante, una esclava convertida en reina y un favorito encumbrado a visir gracias a su talento lírico. En resumidas cuentas, un relato de “ Las Mil y una Noches”. Al presente ha sido bien diferente; tal vez porque he  mirado  a los personajes allí representados  desde su perspectiva  universal. Y, por este mismo motivo , creo entender el por qué su autor, el prestigioso historiador, experto en la Historia Medieval de España, bautizó su obra como “ Ben Ammar  de Sevilla”, porque este personaje, en mayor medida que los otros dos con los que comparte protagonismo, personifica, encarna un tipo humano universal, el del ser de ilimitada ambición de fortuna  y de poder, individuo , en muchas ocasiones tal como Ben Ammar, venido de la nada, un donnadie, pero que situado ya  en una posición social ventajosa, no tiene límite  ni freno moral que le detengan en sus ansias desenfrenadas de acumulación de mayores riquezas y alcance de jerarquía superior. Y ello le lleva a cometer todo tipo de villanías, incluida la traición al amigo y benefactor, y llegado el caso hasta el crimen. ¡Ay,  la codicia!

Transcribo las palabras de Sánchez – Albornoz en relación a sus consideraciones sobre Ben Ammar:

Acaso ensombrecí la figura de Ben Ammar, abultando sus flaquezas más de lo que su biografía nos permite adivinar. Me dejé ganar por mi personal antipatía hacia los intelectuales y políticos sin escrúpulos, arribistas, ambiciosos de mando y de riquezas, zigzagueantes, desleales, envidiosos, a la par supersticiosos y crueles, capaces de pasar de la adulación al espionaje y la mentira, orgullosos y violentos con las masas. No creo, empero, haber desfigurado su silueta. Por lo que de él cuentan las historias arábigas merece ser equiparado a muchos políticos de hoy que todos hemos conocido y conocemos.”   ¡Cuanta verdad y sabiduría acerca de la miserable criatura humana encierran estas palabras de Sánchez –Albornoz! A quien expreso y dirijo mi admiración más sincera.


Pero, resaltado lo negativo del personaje,  debo también resaltar  su especial don, su gracia, porque Ben Ammar, Abenamar, Ibn Ammar,(2), fue un gran poeta que, según leí en Wikipedia,  “destacó sobre todo en el cultivo de la gacela o gazal homoerótico. Su poesía supone una de las cimas del cultivo de la poesía amorosa en Al-Ándalus, en la que Abenamar es uno de sus representantes más destacados, pues se dedicó a la lírica culta amorosa árabe por pasión, y no por oficio como era común entre los poetas cortesanos andalusíes”.

Libro cuya lectura, resumiendo,  me agradó mucho.
  
Cierro este comentario con “Romance de Abenámar”, Anónimo. Desconozco si el morito al que está dedicada es el mismo cuya trágica historia nos cuenta Don Claudio.

ROMANCE DE ABENÁMAR
—¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería,
el día que tú naciste   grandes señales había!
Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace   no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía
que mentira no dijese,   que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,   labrados a maravilla.
El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,   otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,   huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría;
daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda;

el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería.


(1) Me remito al artículo publicado por La Vanguardia, en 1984,( “Claudio Sánchez Albornoz, un apasionado de la historia de España”) con motivo de su muerte, en el que se glosa su figura como político, historiador,  periodista e intelectual .  Al final se detallan (y enlaza con cada uno ) los 82 artículos del insigne historiador,  publicados por ese medio.

(2) Todos estos nombres le corresponden.