lunes, 7 de agosto de 2017

La gente de Smiley, John Le Carré

La gente de Smiley, Le Carré, Editorial Argos Vergara, 1980.Título de la edición original   ”Smiley´s people”.  Traducción Horacio González Trejo. Sobrecubierta Antonio Lax y Francisco Ontañón.

Lo acabé de leer el 6 de agosto. Se trata de una enrevesada y plomiza historia de espías con un gran protagonista central, George Smiley, agente ya jubilado de los famosos servicios secretos del Reino Unido, secundado por  otros miembros en activo  del mismo cuerpo.  Los lúgubres y  principales escenarios se sitúan en Londres, París, Hamburgo, Berna, y Berlín, en días invernales con lluvia y nieve, en los ya lejanos tiempos llamados de la “ Guerra Fría” (*). 
Libro de casi cuatrocientas páginas de letra más bien pequeña, de lectura poco amena, en la que con demasiada frecuencia los párrafos de los diálogos entre los personajes llevan intercalados datos y reflexiones ajenos a la cuestión principal. Particularidad muy repetida a todo lo largo del libro que, al menos en mi caso, me obligaron- muchas veces- a releer los párrafos  con el fin de “casar” el principio con el final de la frase, y enterarme o creer enterarme de lo que leía. (**)
 . 
No obstante decidí continuar con su lectura por las tres siguientes razones:
1)      Conocer el desenlace final de la trama argumental. Que no se desvela hasta las dos o tres últimas páginas de las 365 que tiene el libro.
2)      Me resultó interesante leer acerca del  contraste entre los modos, los medios y las formas de actuación entre dos tipos de servicios de inteligencia de países diametralmente opuestos en cuanto al sistema político - económico de sus respectivos gobiernos: Reino Unido( y sus primos los EEUU) versus  la Rusia soviética. Es decir, entre  un país democrático en el que sus agentes son un cuerpo de  funcionarios,  sujetos todos ellos a unas normas y disciplinas funcionales y de organización, según el escalón jerárquico ocupado, que actúan (se mueven) dentro de un  presupuesto económico fijo y limitado, con periódica liquidación de gastos, pero sometidos todos ellos, tanto los mandos como las bases,  a  reglas  y protocolos    rigurosos de control de sus actuaciones (movimientos) como de los dineros dados. Y a los que, como a cualquier otro funcionario, el cese (quitarle del puesto) le puede llegar bien por tener la edad reglamentaria de jubilación, o por la simple arbitrariedad de un superior que quiere cambiar de equipo y sustituir a los antiguos y eficientes por nuevos elementos más adictos a su persona  y utiliza el convincente argumento para cualquier administración pública, de la reducción de  costes. Aunque, en muchas ocasiones, estos elementos menos costosos resulten, finalmente,  ineficaces e inexpertos, y, consecuentemente, se “destroce”  algo que funcionaba bien.
Frente al panorama anterior, la novela de Le Carré nos ofrece  la visión de los servicios secretos de un país de régimen comunista, donde se percibe imperan el  autoritarismo, la opacidad, las purgas, el exilio, y también la muerte como modo de eliminar al que estorba a los intereses del superior o superiores de turno. Un conjunto de seres que- no obstante-  dada su especial condición de agentes secretos tienen la oportunidad de vivir en el extranjero con condiciones  a años luz de las que disfrutan el resto de sus paisanos. Y no me refiero a condiciones económicas, sino a cositas más rudimentarias, más del día a día, como son el uso y disfrute de productos (alimentos, vestidos, viviendas confortables, aparatos electrónicos, etc.), comunes y extensibles, por otra parte,  al ciudadano común, según su bolsillo y/o capacidad de endeudamiento, que vive en un país de los del  mundo libre occidental, pero que al ciudadano común y corriente de un país de la órbita comunista( las “repúblicas socialistas soviéticas, que conformaban la URSS)  les está (estaba)  vetados .  Servicios de inteligencia, en suma, mandados por una élite de individuos que están muy por encima del resto y viven rodeados de todos los lujos y ventajas que están negados a sus compatriotas.  
3)Y como tercera razón, haberme acercado al mundo de los refugiados y disidentes del régimen comunista de la Rusia Soviética, gentes que según expone Le Carré en su ficción, pululan(¿pululaban?) por  algunas ciudades europeas, tal apestados, en situaciones de extrema precariedad e indefensión, controlados y utilizados por todos los servicios secretos, en sus modalidades de infiltrados, agentes dobles, chivatos  etc, .
Otro aspecto interesante que me ofreció esta lectura fue conocer las ventajas coercitivas del chantaje sobre el soborno. Técnica, al parecer, muy empleada  por los servicios de inteligencia . ¡Qué peligro!
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(*) Guerra Fría:”… período histórico de enfrentamiento político, económico, tecnológico, ideológico, social entre Estados Unidos y la Unión Soviética… se inició al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en el año 1945 y, finalizó con la extinción de la URSS…en el año 1989.El desacuerdo en el reparto de Alemania entre las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial provocó la escisión del mundo occidental en 2 bloques: uno comunista, liderado por la URSS, y otro capitalista, con Estados Unidos al frente. (…)Tiene como nombre Guerra Fría porque entre los dos países no se originó ninguna guerra o conflicto directo (…). La principal causa que originó la llamada Guerra Fría fue la rivalidad de ideologías que cada país defendía y, la oposición económica de ambos sectores, Estados Unidos defendía el capitalismo y la democracia, principios como la propiedad privada y la libre iniciativa, a su vez, la Unión Soviética defendía el socialismo, eliminar la propiedad privada, la igualdad económica y un Estado capaz de garantizar todas las necesidades de los ciudadanos.(…)Uno de los momentos culminantes de la Guerra Fría y el que, de alguna manera marcó su fin fue la Guerra de Corea, cuando en el año 1950 el ejército norcoreano, de influencia soviética, invadió Corea del Norte, Estados Unidos ofreció apoyo militar a los surcoreanos. (…)la mayor crisis de la posguerra se produjo en el año 1962 con motivo de la instalación de bases de misiles soviéticos en la isla de Cuba(…)
 
(**) Al revisar y rectificar algunas de las cosas ya escritas, razono que quizás esta particularidad obedezca más bien al traductor que al autor.