domingo, 4 de agosto de 2019

Al filo del agua, de Agustín Yáñez

Al filo del agua”, (1) de Agustín Yáñez, Editorial Porrúa, México, 1971. 11ªedición. Colección de Escritores Mexicanos. Nº 72. Prólogo de Antonio Castro Leal.

 “Al filo del agua”, según nos aclara el propio autor al comienzo de la obra, es  una expresión campesina mexicana  que en sentido figurado significa  “la inminencia o el principio de un suceso”.

La novela fue publicada en  1947. La acción se desarrolla  en un      muy sombrío pueblo del Bajío de México donde la agricultura es su principal actividad económica y hay muchos usureros. Es ficticio. Yáñez lo describe  así: “Pueblo de perpetua  cuaresma, sin fiestas, seco, sin árboles ni huertos, cerrado, conventual,  solemne, de mujeres enlutadas, con la limpieza como nota de vida y el sol de alegría”. Sus principales conmemoraciones y fiestas locales son las religiosas. Este tristísimo poblado es para Castro Leal, (3), según señala en su prólogo, el protagonista. No coincido con Castro Leal. Para mí el protagonista indiscutible de esta narración es el párroco don Dionisio, eje de esta  trama. ¡Muy enrevesada por cierto!

Al igual que en “Las Tierras Flacas”, novela  leída hace ya unos cuantos años, el autor evidencia un conocimiento profundo de la Fe Católica, de su liturgia,  de las solemnidades, de los ritos, del santoral, y del ministerio sacerdotal. (**) Conocimientos que magistralmente utiliza como    guión y fondo de los acontecimientos allí contados, aunado todo ello al crucial papel asignado a  tres de los personajes eclesiásticos, pero en especial  al párroco, el ya citado don Dionisio, foco central de esta historia. Ya que alrededor suyo, tanto a su hacer como al de los otros sacerdotes a sus órdenes, a sus sobrinas, Marta y María,(*) y a Gabriel, (*)cuyo grado de parentesco con el cura no está claro,  es construida y desarrollada toda la trama  de la obra que concluye en los momentos históricos de la subida al poder de Madero , con el fin de la dictadura de Porfirio Díaz,e inicio de la Revolución Mexicana. (2)  


Convulsiva época de aquel país, México, cuya realidad social, política, económica y religiosa,  Yáñez plasmó , en especial la de los pueblos de la zona rural de Jalisco,  en su novela,  para así- estimo- denunciar  la práctica de un sacerdocio centrado en el cumplimiento de los mandamientos 5,6 y 9 del Decálogo, pero olvidado de la síntesis o resumen del mismo que El Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, nos dio: “Amarás a Dios, y a tu prójimo como a ti mismo”(***)  Y, consecuentemente, alejado de perseguir y corregir otras tan o más graves infracciones del ordenamiento divino como son , por ejemplo, la avaricia o los abusos y excesos de los ricos y de los poderosos del lugar, de fatales consecuencias para el bien común general. Panorama  real y  ordinario, al parecer, en amplias zonas rurales del México de principios del siglo  XX.

 Esta novela también cumple el papel de testimonio del triste papel asignado a la mujer en aquella sociedad. Relegada a un muy secundario plano, sin voluntad ni decisión propia, y  sometida, siempre, al capricho o tutelaje de los hombres de la familia en sumisa aceptación. Primero al padre y a los  hermanos varones, y luego, al marido. Escasa formación y conocimientos.  Perennemente enlutadas y,  en casi todas, un sentimiento arraigado de frustración. Circunstancias éstas espléndidamente esbozadas  a través de cinco de los personajes femeninos, (5) para mí, claves, que son: las hermanas “Marta y María”, la coqueta “Micaela”, la frustrada “Merceditas Toledo”, y  “Victoria”, la seductora forastera.

Un muy triste cuadro, en fin, el dibujado por Agustín Yáñez para la fémina de aquellas zonas rurales de México. Iniquidad ampliamente consentida, incluso por los ministros de la secular Iglesia Católica. En uno de cuyos miembros, el Padre Islas, el Director de las Hijas de María, en aquel recóndito lugar del mundo, tenía, al más terco guardián  para preservar el inicuo orden establecido contra las mujeres. 

La huida hacia el Norte, hacia los Estados Unidos de Norteamérica, de la población en búsqueda afanosa por mejorar sus condiciones de vida, es otra de las cuestiones abordadas por el universal escritor mexicano en su novela. Teniendo en Damián Limón al personaje representativo. Novela, resalto , escrita a mediados del pasado siglo XX.

Me gustó, pero la lectura de algunos de los capítulos se me hizo farragosa.


 La novela se inicia  en marzo de 1909, con la preparación y la subsiguiente descripción, bastante pormenorizada,  de los ejercicios espirituales (4) cuaresmales, con -  cabe ser señalado-  sólo la parte masculina de la población (¡¡¡!!!).  Y  se cierra en un día de noviembre de 1910,  tras el paso por el pueblo, la noche anterior,  de los sublevados a favor de Madero, con el cuadro- ¡tristísimo cuadro! - de un muy   apesadumbrado padre Dionisio, consciente de su fracaso como pastor de almas:
 – “¡ Miserable pastor que se ha dejado robar las ovejas! ¡Miserable pastor que ha dejado rodar las canicas y no ha podido enderezarles el camino!-  que, como todos los días inicia la primera misa:
“Introibo ad altare Dei…
Ad Deun qui laetificat juventutem meam…
Judica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta:ab homine iniquo et doloso erue me…”


______________

(1) Compré esta novela en un mercadillo de ocasión, hace ya unos cuantos años.Había leído “Las tierras flacas” y conocía la existencia de esta obra, al parecer, una de las más significativas de Yáñez. Inicié su lectura antes de “Los tres Evangelistas”,  pero la dejé porque me pareció densa y hasta plomiza. Sin embargo, después la retomé y la leí, con franco interés, hasta el final.


(3) Castro Leal señala en el prólogo que la novela “es una serie de cuadros de la vida triste, conventual, hipócrita, estrecha y sombría de un pueblo del Bajío en que el cura, el jefe político y las principales familias mantienen la vida de la comunidad dentro de convenciones y conveniencias que, sin beneficiar a nadie, no hacen tampoco la felicidad de ninguno. Uno de tantos pueblos perdidos en los valles y las serranías de la República(México), una religión hecha de supersticiones y una moral erizada de tabús no han dejado entrar ni la cultura ni la verdad, ni siquiera la vida con su limpia y gozosa alegría” Y más adelante añade que “el libro viene a ser, sin proponérselo, la representación de un caso clínico en el campo de la sociología”(…)El protagonista de la novela es ese pueblo católico e introvertido que va pintando el autor…obra literaria que puede considerarse un verdadero documento…”

(4) Ejercicios de encierro. Capítulo en el que se describen el cómo de los  ejercicios espirituales practicados para los hombres en aquella parroquia.
(5) Personajes femeninos: Detallo enlace con la entrada del blog http://yelcomicparaque.blogspot.com/2008/06/transgresin-y-conservadurismo-en-al_14.html, acerca del papel asignado a las mujeres por Yáñez en su novela. Una interesante hipótesis. Extraigo y resalto uno de los párrafos:
“Para exponer cómo es que la mujer deconstruye al poder me enfocaré en tres de ellas, quienes definen y abarcan las formas de reaccionar ante la opresión: Micaela, la coqueta; Merceditas Toledo, celadora de la doctrina de la congregación de las hijas de María; y María, sobrina de Don Dionisio, la revolucionaria.
[1] Esto demuestra incluso que aborrece a su institución ya que el matrimonio es lo más sagrado que existe en la Iglesia católica.
[2] “Regulares las hiladas de los muros…”; “bien barridas las calles”; “Enjalbegadas las casas y ninguna, ni en las orillas, ruinosa” en Agustín Yáñez, Al filo del agua, Pág.4; Esta descripción parece más la de una prisión que la de un pueblo; analogía acaso exacta: el poder del Padre retiene prisioneros a sus feligreses.
[3] “Los deseos, los ávidos deseos, los deseos pálidos y el miedo, los miedos, rechinan en las cerraduras de las puertas, en los goznes resecos de las ventanas” en Agustín Yáñez, Al filo del agua, Pág. 7
[4] El padre Islas cree que a través del celo extremo de los cuidados y ejercicios religiosos el pueblo alcanzará un estatuto de pureza. Pero nunca se da cuenta que por este mismo celo intransigente los individuos se sienten ahogados al perder su libertad de expresión.”



(*) Marta y María, las dos hermanas de Lázaro. Y al igual que ellas, la una muy hacendosa y la otra amorosa e inquieta.
(*) Gabriel (“la fuerza de Dios” o “hombre de Dios”). Gabriel es un nombre bíblico ya que, junto a Miguel y Rafael, es uno de los tres arcángeles de la Biblia, cuya misión consistía en ser mensajeros de Dios. Según la religión católica, Gabriel fue quien anunció a la Virgen María el nacimiento de Jesús.
(**) Sacerdocio cristiano superior al levítico: Mediador entre Dios y la criatura humana, "tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere (...)para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad(...) y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón(Hebreos 5,1-4)
(***)Los Diez Mandamientos: Según se enseña en el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica​ los Diez Mandamientos en su fórmula catequética son:
1.   Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2.   No tomarás el nombre de Dios en vano.
3.   Santificarás las fiestas.
4.   Honrarás a tu padre y a tu madre.
5.   No matarás.
6.   No cometerás actos impuros.
7.   No robarás.
8.   No darás falsos testimonios ni mentirás.
9.   No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.
El catecismo católico, citando el Evangelio de Mateo (Mt 22;37-40) añade: «Estos Diez Mandamientos se encierran en dos; amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo».