“Sin pan y sin palabras”. A favor de la libertad en
Cuba. Raúl Rivero
Castañeda. Prólogo de Eliseo Alberto. Ediciones Península.
Colección Atalaya, num.132. Año de su publicación 2003.
Librito de sólo 143 páginas, en las que el autor, a
través de veinticuatro artículos cortos, desgrana la regresión y degradación de
la vida y de las costumbres del cubano, describiéndonos con amenidad la
situación económica, política y social en la isla bajo el régimen castrista
allí implantado desde 1959. Sociedad en la que la opinión crítica se considera
un delito grave (Monólogo del culpable), la información está
monopolizada por el gobierno y se persigue el periodismo independiente de modo
que” publicar en Cuba un suelto mimeografiado puede llevar a la cárcel a su
autor” (El periodismo es de todos) y donde sólo la imaginación es “una
de las pocas formas de riqueza que el Estado no puede incautarse” (Hombre
en tercera).
Ha sido una segunda lectura, hace ya unos cuantos años
lo leí por primera vez. Entonces olvidé comentarlo. Todo el libro es,
repito, una denuncia de las carencias de todo tipo que está sufriendo el pueblo
llano cubano bajo el régimen castrista. Carencias que van, desde la comida hasta
de los más elementales derechos humanos como, por ejemplo, la libertad de
expresión. País del que sus habitantes se van, teniendo en los EEUU,
concretamente en Miami, una gruesa colonia, gracias a la cual, muchos de los
cubanos que aún permanecen en Cuba, subsisten con los envíos de alimentos,
medicinas, electrodomésticos y dinero.

Casi un cuarto de siglo ha transcurrido desde que
tuviera lugar la conocida como la Primavera Negra
de Cuba, año 2003, en la que el gobierno cubano fusiló a tres
jóvenes y promovió una fuerte
represión contra 75 intelectuales,(escritores y
médicos) entre ellos el autor de este libro, Raúl Rivero, quien desde 1991 se
hallaba en el más siniestro ostracismo sólo por haber firmado, junto con otros
escritores y periodistas cubanos, la conocida como “La Carta de
los 10”, escrito en el que se pedía la libertad de los
presos de conciencia. Rivero, en abril del 2003, fue condenado en juicio
sumarísimo a veinte años de prisión. Sólo cumplió año y medio gracias a las
presiones internacionales y muy especialmente a las de España.
Si he resaltado la fecha de publicación tanto del
libro como de los acontecimientos conocidos como la Primavera Negra, es con el propósito de que quede claro que lo de Cuba viene de antiguo, muy de antiguo, pero que,
pese a las distintas denuncias y evidencias claras, es decir, hechos, de ello,
aquí, en España, desconozco el por qué, aunque lo presiento, se le ha dado
bastante de lado, y dejado que prosperase lo del bloqueo estadounidense como
causa única y exclusiva de la ruina que sufre la isla de Cuba, la misma que,
otrora tiempos, fuera considerada una de las más preciadas joyas de la imperial
Corona Española, y la misma que, antes
de la llegada de los Castros en 1959,
era un país con avances significativos en infraestructura, educación y
salud, pero, también, sin duda, con profundas desigualdades sociales y dependencia
económica de Estados Unidos. Hoy, un estado fallido, con buena parte de su
población, fundamentalmente la más joven fuera, una economía que depende
básicamente del turismo, en donde “brillan” en las noches de los apagones en
toda la isla, las instalaciones hoteleras españolas en el norte de Matanzas. Una Cuba olvidada, tercermundista, y sólo noticia por los ya mencionados continuos apagones,
con unas imágenes pavorosas que muestran la precariedad y miseria de sus
habitantes,
con velas y alrededor de hogueras
rodeadas de cúmulos de basura. Y esto con mayor crudeza en el histórico barrio de la Habana Vieja, el
mismo que inmortalizara Cirilo Villaverde en su “Ceclia Valdés”. Realidad que
reiteradamente ha y es desestimada, atribuyendo tanta ignominia al ya citado bloqueo
estadounidense y al bloqueo petrolero ordenado por la administración Trump, tras
la operación militar estadounidense en Venezuela.