jueves, 28 de diciembre de 2017

La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza

La ciudad de los prodigios, Eduardo Mendoza,  Seix Barral-Biblioteca Breve, 1993, vigesimoséptima edición. Dibujo de la cubierta de Feliu Elías (“Apa”) propiedad del Museo de Arte Moderno de Barcelona. Primera edición mayo 1986. Es un libro  grueso de casi cuatrocientas páginas  en papel mate que lo tengo desde hace mucho tiempo pero hasta ahora no tuve deseos de leer. Su autor recibió el Premio Cervantes el pasado 2016. Escritor  del que pese a su fama no tenía nada leído, ni tan siquiera un artículo periodístico.
Mi lectura fue entre el 2 de septiembre y el 15 de octubre del corriente 2017 , o sea, mientras aquí, en  Cataluña(España),  las formaciones políticas independentistas  mayoritarias en escaños en el Parlament   catalán junto con  el Govern(gobierno autonómico)   trataban de culminar sus planes  separatistas,  hechos  que tuvieron  como escenario principal,(1) la sede del Parlament, edificio histórico situado en el también histórico a la par que emblemático Parque de La Ciudadela .

La ciudad es la Ciudad Condal, Barcelona, mi ciudad, en la época de los  aproximadamente cuarenta años transcurridos entre las dos exposiciones mundiales celebradas en ella, ( La Ciudadela, 1888- Montjuich, 1929). Cuya transformación y principal evolución hasta la gran urbe que hoy conocemos tuvo lugar  precisamente en buena parte de esa época, y es el escenario fabuloso de las andanzas de Onofre Bouvila,  un canallesco personaje  que espero sea totalmente de ficción, es decir, fruto exclusivo de la imaginación de Mendoza.    La historia se inicia un año antes de la inauguración de la Exposición Mundial de 1888, en abril de dicho año. Evento que dio lugar a la  remodelación y construcción de  nuevos  edificios e instalaciones de La Ciudadela, “lugar aún de recuerdo vergonzoso “– en palabras textuales del autor- pág. 33, en alusión a la fortificación que hizo construir Felipe V, Duque de Anjou,  y primer Borbón de la Corona Española,  en “donde albergó un ejército de ocupación presto a salir a sofocar cualquier levantamiento”, un” símbolo de hostilidad e infamia”. Sin lugar a dudas, la ciudad descrita en estos comienzos de la novela lejos está de la que conocemos hoy. Son los convulsos años de la regencia de Doña María Cristina, y del mandato de Rius y Taulet como alcalde de Barcelona, hacia finales del siglo XIX. Pero no sólo la ciudad es distinta también lo son sus gentes, al menos  las allí descritas, porque los  cuadros y situaciones representados son de mucha miseria, de hambre, de máxima precariedad tanto en las condiciones de vida como en las  laborales, de desigualdad  e injusticias sociales extremas. Un panorama, en suma, nada halagüeño.  Pero que a pesar de ello,  fue esta parte de la novela la que más me agradó, la concerniente a la llegada de Onofre Bouvila  a Barcelona,  en 1887,  un avispado pueblerino de una zona lejana de Lleida, de tan sólo trece años de edad. Un jovencísimo buscavidas  cuya sagacidad comercial junto a su carencia de escrúpulos le granjearán éxitos inmediatos. Es también en esta parte donde se describe la  transformación de lo que fue el recinto de la fortificación al trazado y edificación de los palacetes y edificaciones que al presente conforman el Parque de la Ciudadela y la implantación, asimismo, del plan urbanístico  de Ildefonso  Cerdá que dio lugar a la zona de la ciudad conocida por el Ensanche(L’Eixample).


Su lectura me resultó interesante y pienso que también lo será  para quienes - al igual que yo - vivan o hayan pasado buena parte de su existencia en esta sin par ciudad mediterránea. Porque son muchos los conocimientos  que  su lectura aporta. No sólo en lo referente a la evolución histórica, social, urbanística y económica de  Barcelona en ese período entre las dos exposiciones universales , sino también en cuanto a España y a esta región,   Cataluña, así como la interdependencia de las acciones de gobierno entre ambas jerarquías.  Otra característica  digna de destacar son los muchos personajes  reales  que desfilan  por  esta voluminosa novela,tales como  los alcaldes de Barcelona  Rius y Taulet y el Barón de  Viver, o el Rey Alfonso XIII,  que cito  sólo a título de significativos  ejemplos de lo que quiero decir, en buena amalgama  con los ficticios, con los cuales comparten algunas de las aventuras allí contadas.Desconozco, por cierto,  si éstas son sólo novelescas, es decir, recurso de Mendoza para dotar de mayor seducción a la trama argumental, o reales, en cuyo caso...


Lo antes reseñado es  lo positivo o justificativo del interés despertado en mí por esta novela. Pero también quiero señalar  que  según iba  avanzando en su lectura e iban abundando los pasajes y detalles más bien licenciosos, innecesarios a mi modesto entender, pero que aportaban ese toque lujurioso   como reclamo para un determinado público, tan al uso al presente en muchas de  las creaciones literarias; y el protagonista, asimismo, se evidenciaba como un ser despreciable, egoísta, manipulador, amante de riquezas fáciles y sin ningún tipo de prejuicio o contención moral para sus apetitos, pensé  interrumpir.

Tampoco me agradó el papel  simplón dado a las figuras femeninas. Digo "simplón" porque no me viene a la mente otro término  para calificar la actitud  pasiva, de instrumentos fáciles  de satisfacción de las apetencias sexuales de los varones de su alrededor que entiendo se ha dado en la novela a las mujeres, pero especialmente a las tres de mayor protagonismo. Estoy pensando, en Delfina, la esposa y la última, que ni siquiera recuerdo el nombre asignado.Personajes insustanciales, nada atrayentes.
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(1) En especial  los días 6 y 7 de septiembre(1), el 10(2) y el 27 de octubre(3)

(4) Mayoritarias en escaños en virtud de una ley electoral  que prima las circunscripciones rurales , de escasa población y tradicionalmente nacionalistas en detrimento de las  circunscripciones urbanas con mucha población como Barcelona, L’Hospitalet, Sta.Coloma, etc.-,

domingo, 10 de diciembre de 2017

La Barraca, de Vicente Blasco Ibañez

 “La barraca”, de Vicente Blasco Ibáñez, edición del Diario El País, 2005, Colección “Clásicos Españoles”, con   introducción de Soledad Rosado Herrero en la que nos habla del autor, así como de las características y estilo literario de sus obras para, en último lugar, dar un explícito análisis de La Barraca, en el que se incluye alguna inoportuna revelación en torno a la trama. 

Es un libro de 206 páginas de letra grande que se lee con facilidad e interés, pues tiene el inconmensurable valor de acercar al lector no sólo a los personajes y a sus  imperecederos dramas en su voluntad por sobrevivir,  sino también al lugar, gracias al detalle y riqueza de las descripciones de tal modo que percibes los cielos claros del amanecer, los rojizos ocasos y las oscuras noches , las tierras labradas, las espesuras de los trigales,  el trinar de los pájaros, el ladrar y el aullido quejoso  de los perros, así como el frescor húmedo del rocío de la mañana...

Una lectura sumamente viva y rica, de  argumento simple, cuya acción tiene lugar hacia finales del siglo XIX , en tierras valencianas. Blasco Ibáñez narra las vicisitudes de una familia de gente humilde  de la clase  trabajadora, formada por un matrimonio  con cinco  hijos que en su afán por mejorar su dura existencia, se instalan como arrendatarios de una de las múltiples huertas de la llamada vega valenciana y se encuentran con el irracional rechazo de sus vecinos, gentes- para mayor contraste - de similar condición social y económica que ellos; es decir, arrendatarios pobres  que son hostigados por la avaricia sin límites de los  inmisericordes propietarios que viven en la ciudad, cómoda y abundantemente,  de las rentas producidas por unas tierras trabajadas en condiciones míseras por otros seres humanos. La plasmación de  esta irracional actitud, cruel, cobarde y miserable por parte de sus convecinos para con  Batiste y los suyos, es el mayor valor de esta novelita. Actitud universal, porque no considero que lo que les llevara a tanta iniquidad fuera “el deseo de los huertanos a que quedasen vacías(las tierras) y no produjeran beneficio alguno, como símbolo de su lucha contra los propietarios”, tal  como se argumenta en la sinopsis de la contraportada del libro. No.  Para mí, así lo creo, fueron la envidia encarnada en el personaje “Pimentó”, un vago, borrachete y en  apariencias “valentón”, unido  a la pasividad cobarde de todo un colectivo.  Situaciones absurdas que –desafortunadamente- suelen darse en las colectividades humanas.
El  relato es  en un tono relajado, en el que su autor intercala expresiones breves en lengua valenciana, así como reflexiones sobre la condición humana y, especialmente,  con minuciosos detalles sobre  las costumbres y usos, en aquel entonces (finales del s/19) de aquella parte de España, tal como el tribunal de las Aguas(1) . 


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(1(1)     El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia es la más antigua institución de justicia existente en Europa. Aunque ya existiera desde tiempos de los romanos alguna institución jurídica que resolviera los problemas del agua en tierras de Valencia, la organización que hemos heredado data de los tiempos de Al-Andalus y, muy posiblemente, de la época del Califato de Córdoba, perfeccionada desde los primeros momentos de la conquista del Reino de Valencia por el rey don Jaime. Modelo de justicia, reconocido por todas las ideologías, culturas y pueblos que configuran la rica personalidad valenciana, ha resistido el paso de los tiempos; ni la Valencia foral, ni el centralismo de nuevo cuño borbónico, ni las Cortes de Cádiz de 1812, restaron jurisdicción a este tribunal que la Constitución española de 1978, nuestro Estatuto de Autonomía, la Unesco y otros organismo de ámbito internacional, valoran y tienen en gran consideración(…)sería interesante que fijáramos la atención en una serie de detalles que explican su perfecto funcionamiento y la razón de su supervivencia a lo largo de los tiempos. En primer lugar, el Tribunal no sólo tiene autoridad sobre una acequia, sino sobre el conjunto de las mismas; en segundo lugar, sus síndicos han sido elegidos democráticamente de entre los miembros regantes de su respectiva comunidad; es decir, no se trata de una autoridad superior la que impone los jueces, sino las bases las que eligen el juez para que les juzgue, por lo que siempre se busca a los miembros más honestos y justos en cumplir con su deber. Finalmente, y como pone de relieve V. Giner Boira, no son sus miembros personas legas en derecho, pues, si bien es cierto que no son personas de formación jurídica, no son desconocedores del derecho que han de aplicar, basado en unas ordenanzas que dominan a la perfección y que constituyen el corpus jurídico por el que se rige cada una de las Comunidades de las Acequias (sus turnos de riego, las obligaciones de limpieza de canales y acequias, pago de aportaciones para gastos generales de la Comunidad,...). Todo ello explica su autoridad moral, su pervivencia, el respeto que se tiene a sus sentencias, siempre acatadas hasta el punto de que no ha sido nunca necesario acudir a la jurisdicción ordinaria para el cumplimiento de las mismas. Incluso, se ha dado el caso de ser denunciado ante el Tribunal algún síndico miembro del mismo, y éste, con la mayor naturalidad, se ha desprovisto de su blusón de huertano, que viste con gran dignidad, cual toga de magistrado, y se ha colocado en el lugar de los acusados para esperar la deliberación y sentencia y, acto seguido, ha vuelto a su lugar en el Tribunal para proseguir el orden del día.

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El Tribunal de las Aguas, en 2006
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El Tribunal de las Aguas a principios del XX
(

jueves, 7 de diciembre de 2017

"Cuento de Navidad/ El grillo del hogar", de Charles Dickens.

Cuento de Navidad”/” El grillo del hogar”, Charles Dickens, Biblioteca Básica Salvat, libro RTV 52, prólogo de Miguel Delibes, Madrid 1970.

Comencé este año 2017 que ya se va acabando, con la lectura de este libro de la Colección Biblioteca Básica Salvat de libros RTV. Lo elegí como lectura al constatar que  el prólogo se debía a Delibes, el autor vallisoletano. Un espléndido prólogo que  nos  sitúa en  el lugar,  en la época y las circunstancias particulares del relato, pero, principalmente, te habla y explica quién fue su autor, Dickens,  del que nos dice Delibes  : “fue uno de los primeros  novelistas –protesta, el cual, entre el humor y la ternura, denuncia abusos, ataca a organismos e instituciones y fustiga, en fin, sin piedad los sistemas que prevalecen en cárceles, orfanatos, educación, administración de justicia, etc. … humanista, ser bueno y sensible, tiene fe en la política de los retoques; no aspira a remover los cimientos sobre los que descansa el espléndido aislamiento inglés…novelista de raza: agudeza para ahondar en el alma humana, facultad de desdoblamiento (es Dickens, seguramente, uno de los novelistas de todos los tiempos que más rica y variada galería de tipos humanos nos ha legado) y un personal sentido de la ambientación que hace que una página de este autor sea fácilmente identificable por un lector de mínima cultura”.
Las dos obras de que consta el libro son narraciones cortas. La primera de ellas,” Cuento de Navidad” es muy conocida. Yo no la tenía leída pero si vista en una película en versión para niños, con, desde luego, sustanciales cambios en cuanto a la caracterización de los personajes protagonistas de la historia como a la ambientación, pero no en su fondo argumental que es la reconversión a su estado original de alma buena y generosa , de un ser  ahora   deshumanizado , avaro y egoísta; reconversión inspirada por el espíritu de la Navidad, ese “estado de beatitud”, así calificado por Delibes,  “ que provoca en el hombre, inglés o no, la Natividad del Señor,  espíritu de reconciliación, de generosidad, de caridad, de ayuda al desvalido, de misericordia, de paz…
Pero ¡quién  mejor que el propio Dickens para  explicar lo que es el Espíritu de la Navidad! Así, reproduzco sus palabras:
“Mucho fue lo que vieron, y lejos adonde fueron, así como varios los hogares que visitaron, pero todo acabó felizmente. El espíritu se quedaba algún tiempo en la cabecera del lecho de los enfermos y ellos se sentían alegres; a los que estaban en tierras extrañas, él los acercaba a la patria; a los que combatían, les daba confianza en un mejor futuro; a los pobres, les concedía la ilusión de la riqueza. En los asilos, hospitales, prisiones, en todo refugio de la miseria donde el hombre, envanecido con su brevísima autoridad, no hubiese hecho cerrar la puerta y dejado fuera al espíritu, dejó su bendición y enseñó a Scrooge sus preceptos.” (pág. 73)



En cuanto a la segunda de las narraciones,El grillo del hogar” (Cuento de hadas doméstico) estuve a punto de no acabar su lectura debido a los elementos mágicos descritos en la introducción de la historia que me hicieron suponer que tal vez me hallase ante , tal como señala el subtítulo, un cuento de hadas. Y no porque no me gusten los cuentos de hadas, aquéllos que en mí ya lejanísimos años de la niñez y adolescencia me ilusionaron tanto, no fue esa la razón, sino que buscaba algo desenfadado pero con fondo. Justamente lo que finalmente esta lectura me proporcionó. El mensaje o enseñanza es que no hemos de  basar nuestras consideraciones y juicios sobre las apariencias, muchas veces engañosas y cargadas de personales sesgos y la maledicencia de algunos ,  pero casi siempre ajenas y lejanas a la realidad; brillos que ciegan nuestros ojos y entendimiento a la realidad inmediata, la de que un ser bueno y leal, amante de los suyos, del que tenemos infinidad de muestras palpables de ello, de pronto, de la noche a la mañana, sea(lo convirtamos) un ser diametralmente opuesto a lo que lo teníamos. La historia como los personajes son simples y en ella son enaltecidos los valores del hogar cristiano.

sábado, 7 de octubre de 2017

Vientos del pueblo , de Miguel Hernández



Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.



Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.



No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.



¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?



Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.



Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.



Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.



Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.



Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.


Miguel Hernández  es el autor de esta imperecedera poesía dedicada a España y sus gentes  que hoy, 8 de octubre de 2017, me complazco en recordar , bien mediante la lectura del texto o escuchando la versión musical de Los lobos. 

Seguidamente, copio y pego algunos de los párrafos a mi modesto entender más significativos del artículo suscrito por Monroy en el 75 aniversario de la muerte del poeta alicantino, titulado "‘Miguel Hernández fue anticlerical pero no ateo’, cuya lectura íntegra recomiendo:
"... recuerda Juan Antonio Monroy, las canciones de Joan Manel Serrat han sido la forma en la que han descubierto la literatura de Miguel Hernández. En 2010 el cantautor catalán publicó su segundo disco de homenaje al poeta alicantino: “Hijo de la luz y de la sombra”, con la letra de 13 poemas de Hernández. Ya en el 1972, y en un contexto mucho más difícil para el reconocimiento del poeta, Serrat había dado repercusión a la literatura de Hernández con un disco que titulaba con el nombre del autor(...)El “ambiente de clericalismo asfixiante” en el que creció Miguel Hernández, explica Monroy, marcó sus primeros escritos. Aprendió a coger la pluma en una escuela católica, e “inevitablemente” esto marcó su primera poesía(...)”No es cierto que la muerte moviera a Miguel de sus convicciones anticlericales”, explica Monroy. “Ser anticlerical en España no ha significado necesariamente ser ateo, como ha pretendido durante siglos la Iglesia católica”. “Han sido legión los escritores que se han manifestado contra el dogma católico pero no contra Dios. Grandes figuras de las generaciones literarias del 27 y del 98 fueron anticlericales, pero creyentes en la inmanencia y trascendencia de Dios”.También Hernández fue uno de ellos, defiende Monroy. El autor francés Louis M., en un breve libro titulado “Perfil religioso de la generación española del 36” considera que “a Miguel Hernández lo apartaron de la Iglesia Católica los propios sacerdotes pero él nunca se apartó de Dios”. Jesús Poveda, por su parte, afirma que “Hernández perdió la fe en su infancia, pero no la fe en Dios”.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Scissors, (La vida une y separa), Cecil Roberts.(*)

(*) En 6.12.17 reviso y rectifico buena parte de todo lo antes escrito.

“La vida une y separa”,  de Cecil RobertsLuis de Caralt, 1952, 2ªedición, marzo 1958. Título de la obra original: SCISSORS, versión española de I.R., libro dedicado a Harry Cunninghan Brodie (1).
Publicada en 1923, se halla entre las primeras creaciones, de Cecil Roberts, un prolífico escritor británico autor, a mi modesto entender, de imperecederas novelas, algunas de las cuales he tenido la oportunidad de leer como “Rumbo a La Habana”, “Queremos vivir”, o Aventura en  Moscú(Pilgrim- Cottage). Gira en torno a un joven británico, apodado  “Scissors” (2) por sus compañeros de internado, hijo de un ciudadano  británico de clase acomodada que trabaja para una multinacional inglesa. La historia se desarrolla en los comienzos del pasado siglo XX (3), y consta de cuatro partes bien diferenciadas en las que son descritas la infancia, la adolescencia y juventud del protagonista, con diferentes escenarios, personajes y hechos según la nueva etapa. El inicio y final de la obra tienen lugar en los   parajes  de alrededor de  Amasya, en el Norte de Turquía. La parte  más amplia e interesante, según creo,  es la  segunda, la referida a la adolescencia de Scissors, cuando  con sólo catorce años es internado en una institución para varones  de similar prestigio a Eaton. Cecil Robets da  descripción puntualizada tanto de sus regentes, del ambiente, como de  los compañeros y de sus respectivas situaciones socioeconómicas,  personajes  entre los cuales cabe destacar las figuras de Vernley,  Lindon, y  Marsh, todos ellos representantes de familias ricas de elevado nivel social, componentes, sin duda, de las élites. Llamó mi atención, en este punto de la descripción del ambiente general que rodeaba a estos jóvenes en el internado, ampliamente descrito en la novela, las altas miras e inquietudes, tanto políticas como filosóficas   provenientes  de unos jovenzuelos  quinceañeros- que es la edad media de la etapa de internado -  así como que las citas de sus lecturas y los autores preferidos fueran casi, exclusivamente, los  de su misma nacionalidad, con lo cual me ha parecido un cierto enaltecimiento  de “ lo  británico”. Es decir, he interpretado como si la pertenencia a esta nacionalidad y su cultura dotase a sus miembros de superioridad dentro del conjunto de la raza humana. Criterio, obviamente, no compartido, pues considero que todos los seres humanos somos de parecida composición,  unos rubios, otros morenos, unos altos, otros bajitos, aquel eslavo, otro anglosajón, el de más allá asiático…, pero todos, idénticos,  en cuanto a la debilidad, flaqueza, de nuestra humana condición. Que en esto de las "flaquezas" sí que somos todos muy parecidos.

Particularmente, en esta segunda lectura, la parte de la novela que más me agradó por entenderla más universal, es decir, experiencias narradas  extensibles a cualquier ser humano de cualquier raza, religión y nacionalidad,  es la que narra la incorporación del atribulado John al mundo laboral, inesperadamente “sacado “de un idílico mundo. Me parecieron muy realistas tanto la descripción de los estados de ánimo del joven Scissors como de los nuevos personajes incorporados al elenco de  la novela; tipos humanos corrientes con muchísima probabilidad de encontrarlos en cualquier sociedad a todo lo ancho y largo de este Mundo.  En suma, o resumiendo, creo que es justamente todo lo narrado a partir de entonces, realidad novelada o pura ficción, lo que da valor y vigencia a esta novela de Cecil Roberts.

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 (1) HARRY CUNNINGHAM BRODIE, hombre de negocios y político británico, según Wikipedia, nacido en Canadá (Columbia Británica),  que se educó en “Winchester College”, fue parlamentario por el Partido Liberal entre 1906 y 1910, participó en la PGM en Egipto y Francia, y, posteriormente, se dedicó a la actividad mercantil figurando como presidente de importantes empresas británicas en el extranjero.


 (2) “Scissors”, significa “Tijeras”, apodo que le fue asignado por los compañeros de estudios al protagonista, John Narcissus Dean. Debo advertir que hasta esta segunda lectura, no caí en cuenta de la similitud fonética(Scissors/Narcissus) que se da entre estos dos vocablos en la lengua inglesa, semejanza que no existe en la lengua  castellana, en cuya versión el título impuesto fue “La vida une y separa”, en alusión más bien al movimiento de las tijeras. Como tampoco tuve en cuenta, y de esto hasta hace escasamente unos días, la necesidad de conocer la leyenda acerca del personaje mitológico, Narciso, para un mejor entendimiento de la novela.  

(3)En aquel entonces el Reino Unidos era el  eje de un gran imperio colonial, con sus gentes diseminadas por sus vastos territorios, en los que usualmente solían formar parte de las élites del lugar.


(4) Narciso, personaje mitológico, un  bello mancebo que se prendó de sí mismo al ver su imagen reflejada en las aguas. Y que da origen a la expresión “narcisismo”, o sea, aquel o aquellos que se creen el eje del universo y miran al resto por encima del hombro convencidos de su superioridad., pero que, según Freud, son personas aquejadas de un trastorno psicológico.



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miércoles, 16 de agosto de 2017

La vuelta de don Camilo, de Giovanni Guareschi

La vuelta de don Camilo, de Giovanni  Guareschi, Edición Suma de Letras, marzo 2004. 
Traducción Fernando Anselmi.

Desde 2016 llevaba leyendo esta segunda parte de Don Camilo, “Un mundo pequeño”. Leía   capítulos sueltos, escogidos  un poco al azar. Así y aunque ya había leído unos cuantos, finalmente opté por  recomenzar su lectura y  leerlo tal como tengo por costumbre capítulo tras capítulo, desde un principio hasta el final. Un final que fue hacia mediados de julio de este 2017.  Es un libro grueso de 547 páginas, pero que no se hicieron pesadas debido a las múltiples historias, de variado fondo argumental, aquí contadas que giran en torno a los dos grandes brutos, don Camilo y Peppone, un cura y alcalde de un pueblecito  de la llanura del  Po, formado por  gentes sencillas como sencillos, elementales y comunes a todo el género humano son sus relaciones y  los sentimientos por ellos encarnados – amor, odio,  generosidad, egoísmo, bondad, interés, codicia, cerrazón…- Contrastes que son armonizados por una fe humilde, de profundo arraigo, en Dios, Supremo Hacedor, y en Jesucristo, Mesías Salvador que desde su Cruz, sin ruido alguno y aparentemente estático, vigila y cuida de todas sus ovejas, incluidas las descarriadas.



En esta segunda parte, opino,  Guareschi ha logrado continuar con el  éxito alcanzado con  Don Camilo, “un mundo pequeño, porque también aquí las narraciones  expresan emociones universales como universales son  sus personajes, que puedes hallar (toparte con ellos)   en cualquier punto del globo, y tiempo histórico(ayer, hoy, mañana). 

Particularmente las que más me impresionaron fueron “Los espíritus”(conmovedora historia, "una condenada historia de guerra"; “El ángel del 1200”, “El anillo”, “La Virgen fea”, “Un fantasma de sombrero verde”, “Menelik”, “Comercio”, y “Victoria Proletaria”. Como puede observarse, son unas cuantas y cada una con su enseñanza. Unas tristes, otras tiernas, la mayoría jocosas. En suma, ¡buena lectura! Puede que en  venideras ocasiones, comente con detalle alguna de estas historias.



lunes, 7 de agosto de 2017

La gente de Smiley, John Le Carré

La gente de Smiley, Le Carré, Editorial Argos Vergara, 1980.Título de la edición original   ”Smiley´s people”.  Traducción Horacio González Trejo. Sobrecubierta Antonio Lax y Francisco Ontañón.

Lo acabé de leer el 6 de agosto. Se trata de una enrevesada y plomiza historia de espías con un gran protagonista central, George Smiley, agente ya jubilado de los famosos servicios secretos del Reino Unido, secundado por  otros miembros en activo  del mismo cuerpo.  Los lúgubres y  principales escenarios se sitúan en Londres, París, Hamburgo, Berna, y Berlín, en días invernales con lluvia y nieve, en los ya lejanos tiempos llamados de la “ Guerra Fría” (*). 
Libro de casi cuatrocientas páginas de letra más bien pequeña, de lectura poco amena, en la que con demasiada frecuencia los párrafos de los diálogos entre los personajes llevan intercalados datos y reflexiones ajenos a la cuestión principal. Particularidad muy repetida a todo lo largo del libro que, al menos en mi caso, me obligaron- muchas veces- a releer los párrafos  con el fin de “casar” el principio con el final de la frase, y enterarme o creer enterarme de lo que leía. (**)
 . 
No obstante decidí continuar con su lectura por las tres siguientes razones:
1)      Conocer el desenlace final de la trama argumental. Que no se desvela hasta las dos o tres últimas páginas de las 365 que tiene el libro.
2)      Me resultó interesante leer acerca del  contraste entre los modos, los medios y las formas de actuación entre dos tipos de servicios de inteligencia de países diametralmente opuestos en cuanto al sistema político - económico de sus respectivos gobiernos: Reino Unido( y sus primos los EEUU) versus  la Rusia soviética. Es decir, entre  un país democrático en el que sus agentes son un cuerpo de  funcionarios,  sujetos todos ellos a unas normas y disciplinas funcionales y de organización, según el escalón jerárquico ocupado, que actúan (se mueven) dentro de un  presupuesto económico fijo y limitado, con periódica liquidación de gastos, pero sometidos todos ellos, tanto los mandos como las bases,  a  reglas  y protocolos    rigurosos de control de sus actuaciones (movimientos) como de los dineros dados. Y a los que, como a cualquier otro funcionario, el cese (quitarle del puesto) le puede llegar bien por tener la edad reglamentaria de jubilación, o por la simple arbitrariedad de un superior que quiere cambiar de equipo y sustituir a los antiguos y eficientes por nuevos elementos más adictos a su persona  y utiliza el convincente argumento para cualquier administración pública, de la reducción de  costes. Aunque, en muchas ocasiones, estos elementos menos costosos resulten, finalmente,  ineficaces e inexpertos, y, consecuentemente, se “destroce”  algo que funcionaba bien.
Frente al panorama anterior, la novela de Le Carré nos ofrece  la visión de los servicios secretos de un país de régimen comunista, donde se percibe imperan el  autoritarismo, la opacidad, las purgas, el exilio, y también la muerte como modo de eliminar al que estorba a los intereses del superior o superiores de turno. Un conjunto de seres que- no obstante-  dada su especial condición de agentes secretos tienen la oportunidad de vivir en el extranjero con condiciones  a años luz de las que disfrutan el resto de sus paisanos. Y no me refiero a condiciones económicas, sino a cositas más rudimentarias, más del día a día, como son el uso y disfrute de productos (alimentos, vestidos, viviendas confortables, aparatos electrónicos, etc.), comunes y extensibles, por otra parte,  al ciudadano común, según su bolsillo y/o capacidad de endeudamiento, que vive en un país de los del  mundo libre occidental, pero que al ciudadano común y corriente de un país de la órbita comunista( las “repúblicas socialistas soviéticas, que conformaban la URSS)  les está (estaba)  vetados .  Servicios de inteligencia, en suma, mandados por una élite de individuos que están muy por encima del resto y viven rodeados de todos los lujos y ventajas que están negados a sus compatriotas.  
3)Y como tercera razón, haberme acercado al mundo de los refugiados y disidentes del régimen comunista de la Rusia Soviética, gentes que según expone Le Carré en su ficción, pululan(¿pululaban?) por  algunas ciudades europeas, tal apestados, en situaciones de extrema precariedad e indefensión, controlados y utilizados por todos los servicios secretos, en sus modalidades de infiltrados, agentes dobles, chivatos  etc, .
Otro aspecto interesante que me ofreció esta lectura fue conocer las ventajas coercitivas del chantaje sobre el soborno. Técnica, al parecer, muy empleada  por los servicios de inteligencia . ¡Qué peligro!
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(*) Guerra Fría:”… período histórico de enfrentamiento político, económico, tecnológico, ideológico, social entre Estados Unidos y la Unión Soviética… se inició al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en el año 1945 y, finalizó con la extinción de la URSS…en el año 1989.El desacuerdo en el reparto de Alemania entre las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial provocó la escisión del mundo occidental en 2 bloques: uno comunista, liderado por la URSS, y otro capitalista, con Estados Unidos al frente. (…)Tiene como nombre Guerra Fría porque entre los dos países no se originó ninguna guerra o conflicto directo (…). La principal causa que originó la llamada Guerra Fría fue la rivalidad de ideologías que cada país defendía y, la oposición económica de ambos sectores, Estados Unidos defendía el capitalismo y la democracia, principios como la propiedad privada y la libre iniciativa, a su vez, la Unión Soviética defendía el socialismo, eliminar la propiedad privada, la igualdad económica y un Estado capaz de garantizar todas las necesidades de los ciudadanos.(…)Uno de los momentos culminantes de la Guerra Fría y el que, de alguna manera marcó su fin fue la Guerra de Corea, cuando en el año 1950 el ejército norcoreano, de influencia soviética, invadió Corea del Norte, Estados Unidos ofreció apoyo militar a los surcoreanos. (…)la mayor crisis de la posguerra se produjo en el año 1962 con motivo de la instalación de bases de misiles soviéticos en la isla de Cuba(…)
 
(**) Al revisar y rectificar algunas de las cosas ya escritas, razono que quizás esta particularidad obedezca más bien al traductor que al autor.