sábado, 22 de agosto de 2026

“La Princesa de Clèves”, Madame de la Fayette.

La Princesa de Cleves”, Madame de la Fayette. Colección Biblioteca Básica Salvat, Libro RTV 98. Salvat Editores y Alianza Editorial, 1971. Traducción de Vicente Clavel. Publicada por primera vez en 1678 y considerada como la primera novela psicológica moderna. Ha sido una segunda lectura, la primera fue hace más de treinta años. Entonces y ahora he disfrutado con su lectura . Para mí  ha sido como adentrarse en esa parte no revelada por los libros de Historia sobre personajes famosos, pero a la postre igual que cualquier otro mortal, aman, odian, envidian, y, en fin, sienten y también padecen, y, por tanto, su conocimiento los humaniza y acerca al lector.

La novela va precedida por un ilustrativo prólogo de Daniel Sueiro en el que nos habla de la autora, la escritora francesa Marie Madeleine Pioche de La Vergne, condesa de La Fayette, más conocida con el nombre de Madame de La Fayette (1634- 1693) así como de su obra (1)de la que esta novela es clave y en relación a la que Sueiro nos dice: “Madame de Lafayette  hizo novela aristocrática, pero la hizo con una decidida, fina, inteligente y, en cierto modo, libre intención moral, purificadora de costumbres, pugnando por lograr en el reino de los sentimientos el equilibrio clásico que en otros aspectos pretendía también, a veces por la fuerza y la autoridad que puede dar el buen ejemplo, la corte absolutista a la que pertenecía”.

Tras mi primera lectura realicé un comentario donde expuse mis impresiones acerca de la trama, así como de la pareja protagonista, la princesa de Clèves y el duque de Nemours, comentario detallado al pie de esta entrada. Ahora, pues, destinaré estos párrafos a comentar aquellos otros aspectos de interés, entonces no considerados pero que, según creo, justifican la vigencia de esta “vieja” novela.

Obra a la que su autora le dotó de valor testimonial al reflejar la época del reinado de Enrique II, y también sus particulares experiencias personales encarnados en la protagonista, la joven princesa de Clèves, el único personaje de ficción, pero el cual, al igual que la escritora, contrajo a edad muy temprana un matrimonio sin amor con un hombre mucho mayor que ella. La novela,pues, respira veracidad. En los relatos allí desarrollados están descritos con rigor la corrupción moral y de las costumbres imperante entre los miembros de la realeza, la aristocracia francesa y el alto clero de la época. Con   la particularidad de que la mayoría de los personajes son históricos y existieron realmente, como por ejemplo los ya citados Enrique II y el Duque de Nemours, la duquesa de Valentinois (Diana de Poitiers), María Estuardo, reina de Escocia, los duques de Guisa, etc.

De Wikipedia transcribo, a continuación,  párrafo en torno a la importancia de esta obra” La princesa de Clèves”, en la cultura popular francesa:

En 2006, antes de convertirse en presidente de Francia, Nicolás Sarkozy hizo algunos comentarios negativos sobre el libro, argumentando que era ridículo que en los exámenes de entrada para funcionarios se incluyeran preguntas sobre ella. Sus comentarios fueron interpretados como una indicación de su opinión de que las universidades deben preparar a las personas para la vida en los negocios, y no «perder» el tiempo con cosas como la literatura. Como resultado, durante las protestas de los profesores universitarios en 2009 en contra de sus propuestas, se llevaron a cabo lecturas públicas de la novela en ciudades de todo el país. Las ventas de la novela se elevaron rápida".


Este episodio confirma que la novela sigue siendo un referente moral y cultural en Francia



https://silvia-aquellosprimeroslibros.blogspot.com/2009/06/la-princesa-de-cleves-de-madame-de.html

 

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(1) Madame de Lafayette fue una figura decisiva de las letras francesas del siglo XVII. Nacida en París en 1634 y cercana a los círculos intelectuales de la corte, cultivó una narrativa centrada en la psicología, la vida afectiva y las tensiones morales de la aristocracia. Sus obras principales:

  • La Princesse de Montpensier (1662) — novela corta que anticipa su estilo analítico y la exploración del conflicto entre pasión y deber.
  • Zaïde (1670) — relato de ambientación hispano‑árabe, publicado inicialmente bajo el nombre de Segrais, donde afina su interés por la introspección y la trama sentimental.
  • La Princesse de Clèves (1678) — su obra maestra, considerada la primera gran novela psicológica europea, un estudio magistral del deseo, la virtud y la presión social en la corte de Enrique II.
  • La Comtesse de Tende (póstuma) — nouvelle que retoma el análisis moral y la complejidad emocional de sus protagonistas.

Con estas obras, Madame de Lafayette inauguró una forma moderna de narrar: sobria, penetrante y centrada en la vida interior, que marcaría la evolución de la novela en Francia.

 

 

 

 

  

viernes, 21 de agosto de 2026

De Argelès a Ceuta o la repetición de una vergüenza

Las páginas que he ido leyendo y comentando en este blog —las de Artís Gener, Fontserè, Bartra, Plà, y tantos otros— revelan una verdad incómoda: Europa, cuando se siente desbordada, suspende su ética. Lo hizo en 1939 con los exiliados españoles pobres confinados en playas heladas de Francia. Y hoy, en Ceuta, vuelve a hacerlo con los migrantes empujados por un régimen autocrático que utiliza a sus ciudadanos como herramienta de presión. Este comentario busca trazar ese puente, esa rima moral entre dos tragedias separadas por ochenta años.


De los exiliados españoles en Francia a los migrantes en Ceuta

Las lecturas que he ido comentando en este blog —La diáspora republicana de Avel lí Artís Gener, los testimonios de Carles Fontserè, la lírica amarga de Agustí Bartra, las observaciones de Josep Plà— conforman un mosaico de dolor, abandono y humillación. Los campos de Argelès, Bram, Saint Cyprien, Colliure y Prats de Molló aparecen una y otra vez como escenarios de degradación humana: playas sin agua potable, barracones improvisados, guardianes coloniales, frío, hambre, silencio institucional. Y lo más inquietante es que esa estructura moral —ese modo de tratar al vulnerable como problema, como estorbo, como mercancía— ha sobrevivido intacta hasta hoy.

1. Dos éxodos distintos, una misma lógica de abuso

Los españoles que cruzaron la frontera en 1939 eran exiliados políticos, derrotados en una guerra civil, y muchos de ellos perseguidos por el régimen de Franco. Francia era un país democrático, gobernado por un Frente Popular que se proclamaba defensor de los derechos humanos. Y, aun así, los encerró en playas heladas, los convirtió en mano de obra forzosa, los clasificó según su utilidad, los silenció.

Hoy, quienes llegan a Ceuta no huyen de una guerra civil española, pero sí de un país emergente con un régimen corrupto y autocrático, que utiliza la pobreza como herramienta de control y la migración como arma diplomática. La diferencia de contexto no altera la estructura del abuso: cuerpos vulnerables sometidos a improvisación, abandono, violencia y silencio.

2. Responsabilidades cruzadas: Marruecos empuja, España improvisa

En 1939, Francia fue responsable directa de la degradación de los refugiados españoles. Hoy, la responsabilidad es compartida:

Marruecos

          Permite o incentiva, avalanchas migratorias cuando quiere presionar a España o a la UE.

          Abandona a su población más vulnerable.

          Mantiene un régimen que restringe libertades y utiliza la miseria como herramienta política.

España

          Trata a Ceuta como un territorio de sacrificio.

          Reacciona tarde, improvisa recursos, oculta cifras.

          Normaliza el chantaje marroquí.

          No protege adecuadamente a los ceutíes, que viven en una frontera caliente sin apoyo suficiente.

La combinación es letal: un régimen que empuja y un Estado que no protege.

3. Los muertos: ayer y hoy, el silencio como política

En los campos franceses murieron miles de españoles por frío, hambre, enfermedades y negligencia. Hoy, en torno a Ceuta, más de cien muertos —ahogados, aplastados, desaparecidos— se han convertido en una cifra incómoda que apenas aparece en los discursos oficiales.

La historia rima: cuando los muertos son pobres, cuando no votan, cuando no tienen voz, los Estados callan.

4. Los ceutíes: los olvidados del presente

Si los refugiados españoles fueron los olvidados de 1939, los ceutíes son los olvidados de 2026. Ciudadanos españoles que viven entre la presión migratoria, la inseguridad y la indiferencia del Gobierno central. Ceuta es España, pero se trata como si fuera un territorio prescindible.

5. Europa: la ética suspendida

Las entradas previas de este blog muestran que Europa, cuando se siente amenazada, suspende su ética. Ayer fueron los republicanos españoles. Hoy son los migrantes pobres y los ceutíes que los reciben.

6. Seguidamente detallo las distintas entradas citadas en este comentario :

          Artís Gener:

o          La diáspora republicana (Campos de concentración) https://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/la-diaspora-republicana-por-avel-li.html

o          La diáspora republicana (I y II) https://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/la-dispora-republicana-de-avel-l-arts_05.html

o          La diáspora republicana (III) https://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/la-dispora-republicana-iii.html

o          Los perdedores de todas las guerras (IV) https://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/la-diaspora-republicana-los-perdedores.html

          Carles Fontserè: Un exiliado de tercera https://silvialeyendo.blogspot.com/2015/09/un-exiliado-de-tercera-carles-fontsere.html

          Agustí Bartra: Cristo de 200.000 brazos (Campo de Argelès) https://silvialeyendo.blogspot.com/2019/07/cristo-de-200000-brazoscampo-de-argeles.html

          Josep Plà: Un viaje frustrado / Contrabando https://silvialeyendo.blogspot.com/2008/03/leyendo-josep-pl-junio-2005.html

          El cáliz de cristal (Testimonios del ayer)

https://silvialeyendo.blogspot.com/2022/09/el-caliz-de-cristal-testimonios-del.html

Todas estas entradas, juntas, forman un mapa de cómo Europa ha tratado —y sigue tratando— a los vulnerables.

Conclusión

La historia no se repite exactamente, pero rima con una precisión que avergüenza. Los exiliados españoles pobres fueron tratados como apestados por una Francia que se proclamaba humanista. La avalancha de migrantes sobre Ceuta es utilizada como arma política por un régimen autocrático y recibida con improvisación por una España gobernada por un gobierno progresista que no protege a su propia frontera. Los ceutíes viven en una tensión que nadie quiere mirar. Europa sigue suspendiendo su ética cuando el vulnerable molesta. Las vergüenzas se repiten. Y Ceuta, hoy, es un espejo de Argelès.

 

jueves, 20 de agosto de 2026

“Aquel país lejano”, Nevil Shute - (La ciudadanía como contrato)

El fenómeno migratorio y su problemática es un factor en constante crecimiento en todos los países avanzados europeos, entre los cuales es contada España.  

Esa España que encima tiene la particularidad de contar con parte de su territorio nacional, dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y el archipiélago canario, las unas en el norte del continente africano y las islas en la plataforma africana, colindantes, además, con Marruecos, país **emergente**, con una economía **diversificada** pero marcada por fuertes **desigualdades sociales**, cuya riqueza se concentra en el eje **Casablanca–Rabat–Tánger**, con amplias zonas rurales rezagadas, donde la pobreza, la **desigualdad** y el **desempleo juvenil** son elevados, y la participación laboral femenina es muy baja.   [World Bank Group](https://www.worldbank.org/ext/en/country/morocco)  [El Debate](https://www.eldebate.com/economia/20260801/crisis-ceuta-deja-descubierto-grietas-milagro-economico-marruecos_445708.html).

La crítica situación creada en Ceuta por la invasión de unas setenta mil personas a finales de julio pasado, ha traído a mi memoria la novela de Nevil Shute, “Aquel país lejano”, cuya trama se desarrolla en la Australia de los años cincuenta, inmediatos a la SGM. Ver comentario: silvialeyendo: Aquel país lejano, Nevil Shute.


Entre las muchas observaciones aportadas por la novela, hay una que merece ser destacada con luz propia: las normas migratorias vigentes en Australia en la época descrita, según las cuales los recién llegados debían trabajar dos años para el gobierno antes de obtener la ciudadanía. No era un requisito simbólico, sino un compromiso real, pensado para asegurar mano de obra en un país joven y en expansión, y para seleccionar a quienes estuvieran dispuestos a contribuir de manera efectiva a la construcción nacional.

Este dato, recogido en la nota (1) de la entrada original, ilumina la novela desde un ángulo político: la prosperidad australiana era un proyecto estatal que exigía esfuerzo, disciplina y una integración basada en obligaciones concretas.

 En tiempos en que los movimientos migratorios son masivos y complejos, esta antigua política australiana invita a reflexionar sobre un punto esencial: la ciudadanía no es únicamente un derecho; también puede ser un contrato que implique responsabilidades previas y verificables.

 

La ciudadanía como contrato: una reflexión desde Shute y desde Ceuta

La política australiana que describe Shute —ese requisito de trabajar dos años para el Estado antes de acceder a la ciudadanía— no era una simple formalidad burocrática. Era una declaración de principios: quien deseaba formar parte del país debía demostrar primero su voluntad de contribuir a él. La ciudadanía, en aquel contexto, no era un premio automático ni un derecho desligado de obligaciones; era un pacto entre individuo y comunidad, un contrato moral y práctico.

Hoy, cuando España afronta episodios tan extremos como la entrada masiva de decenas de miles de personas en Ceuta, aquella idea adquiere una resonancia inesperada. No porque debamos copiar modelos pretéritos sin más —cada país y cada época tienen sus circunstancias— sino porque la noción de ciudadanía como responsabilidad compartida ha desaparecido casi por completo del debate público. Se habla de derechos, de acogida, de integración… pero muy poco de obligaciones, de reciprocidad, de los límites materiales y sociales que cualquier Estado debe gestionar para no fracturarse.

La crisis ceutí ha mostrado, con crudeza, que un sistema migratorio sin criterios claros, sin mecanismos de integración real y sin exigencias verificables, termina generando un doble daño: para quienes llegan y para quienes ya viven allí. Y en ese vacío de responsabilidad —política, administrativa y moral— la ciudadanía se convierte en un concepto difuso, casi sentimental, desligado de la realidad.

Quizá por eso la novela de Shute sigue siendo pertinente: recuerda que la prosperidad de un país no se sostiene solo en la buena voluntad, sino en normas que articulan la convivencia y en compromisos que todos deben asumir. La ciudadanía, entendida como contrato, no excluye; ordena. No castiga; protege. No levanta muros; establece reglas que permiten que la comunidad funcione sin que unos paguen el precio del desorden que otros generan.


lunes, 17 de agosto de 2026

De la novela "Hospital de sangre "de Frank G. Slaughter al espigón del Tarajal, en Ceuta , España, Europa.






En Hospital de sangre, Frank G. Slaughter describe ese hospital improvisado junto al frente: tiendas de campaña pegadas al barro, barcos convertidos en quirófanos, médicos atendiendo a heridos de uno y otro bando mientras la guerra respira a pocos metros. Aquella precariedad —cruda, urgente, inevitable— tenía al menos una justificación: estaban en mitad del campo de batalla.

Pensar en Ceuta hoy obliga a una comparación incómoda y nos induce a la necesidad de levantar allí un auténtico “hospital de sangre”, un hospital de campaña estable mientras dure la crisis, con medios suficientes, personal formado y protocolos centrados en salvar vidas. Lo cual no sería una extravagancia literaria, sino la mínima exigencia de humanidad por parte del Estado español. Preparar dispositivos de rescate y atención médica como si se tratara de una operación militar de salvamento —y no de una simple gestión policial— es lo que dicta la realidad, no la retórica institucional.

La literatura, pienso,  a veces, ilumina lo que la política prefiere oscurecer. Slaughter imaginó hospitales que se montaban donde hicieran falta, sin excusas, sin burocracia, sin miedo a reconocer la magnitud del sufrimiento. Y hay momentos, como en Ceuta ahora, en los que la dignidad humana exige actuar con la urgencia de la guerra, aunque los comunicados oficiales insistan en hablar de normalidad.


viernes, 17 de julio de 2026

“Paradiso”, de José Lezama Lima

 “Paradiso”, de José Lezama Lima. Colección Letras Hispánicas. Edición de Elisa Lizama Lima. Cátedra.


Me está costando hacer el comentario de esta novela del escritor   José Lezama Lima (La Habana, 1910–1976) uno de los escritores más singulares de la literatura hispanoamericana. Poeta, narrador y ensayista, creador de un universo barroco y desbordante donde la imagen es el centro de todo. Dirigió la revista Orígenes, impulsó a una generación de autores y convirtió a La Habana en una ciudad mítica dentro de su obra. En 1966 publicó Paradiso, novela compleja, autobiográfica y profundamente imaginativa, hoy considerada un clásico del neobarroco. Para mí, sin embargo, una nostálgica evocación de Cuba y su Habana-Vieja, la que yo conocí y viví en mi ya muy lejanas niñez y adolescencia.

Densísima obra, muy barroca toda, la trama, el lenguaje, las formas escritas y los personajes. Entre estos últimos, los secundarios de la primera parte e inspirados en su propia familia, me han resultado entrañables, pues los he visto como representaciones de tipos humanos que se dieron en la Cuba inmediatamente anterior y posterior a la independencia de España, y en cuya descripción y particulares historias hallé la parte más amena de la novela. Pero no puedo decir lo mismo con el conjunto de la trama y aún menos de los capítulos finales donde varios personajes parecen ser desdoblamientos del propio Lezama, del Lezama íntimo, o sea, su homosexualidad, frustraciones, patologías y limitaciones. Más que cubano, fue habanero. La belleza y la singularidad de La Habana se evoca con la lectura de este libro y muy especialmente, La Habana Vieja, desde la Universidad, calle San Lázaro, hasta los muelles, el Malecón, el cruzar la bahía con las lanchas de Regla y Guanabacoa, el entonces centro comercial de las calles Neptuno y Galiano, y, qué decir, de la maravillosa evocación de la calle Obispo, con numerosas librerías y su Ten-Cent. No deja monumento histórico o natural de ser aludido en su novela, los castillos del Morro y de la Punta, fortalezas en las que trabajó su padre y él mismo, el río Almendares, Santiago de las Vegas al Sur de La Habana…

Resumiendo, es una novela de lectura compleja, es decir, liosa, con un barroco, lenguaje y pasajes sexuales eróticos que rayan en la aberración, al menos para mí.

 

lunes, 13 de julio de 2026

El jurado, John Grisham

"El jurado", publicada en 1996,  novela de suspense policíaco en la que John Grisham despliega con precisión  su visión del sistema judicial estadounidense. Mundillo bien conocido por él, quien antes de convertirse en el novelista más vendido de EE.UU., ejerció como abogado y militó en el Partido Demócrata. Experiencia de las que sus novelas son buena muestra. 

En obras como La tapadera, El informe Pelícano o Legítima defensa —todas llevadas al cine— Grisham convierte los tribunales en escenarios donde se cruzan intereses económicos, estrategias turbias y una justicia que rara vez aparece como neutral.



En El jurado, la trama se sitúa en Nueva Orleans, en plena zona del Golfo, y gira en torno a una demanda contra una poderosa industria tabacalera. Los personajes centrales —Wendall Rohr, Rankin Fitch, Nick Easter y Marlee— encarnan distintas formas de presión, manipulación o interferencia en el proceso judicial. El jurado popular, teóricamente pilar democrático del sistema anglosajón, aparece aquí como una institución vulnerable, expuesta a influencias externas y a la compra de voluntades.

Grisham no salva a nadie: ni la defensa, ni la acusación, ni el propio jurado actúan con ortodoxia. Todos, como suele decirse, “traen el agua a su molino”. Y el juez que arbitra el caso lo hace con demasiada candidez . El resultado es una visión descarnada de la justicia estadounidense: un territorio donde quien tiene la bolsa más llena inclina la balanza a su favor.

Hasta aquí, ficción. Pero la lectura, inevitablemente, me lleva a pensar en nuestra realidad.

La justicia española: lentitud, coste y sospecha

En España no tenemos un jurado con el arraigo cultural del mundo anglosajón. Aquí confiamos más en tribunales profesionales, lo que crea una distancia entre ciudadanía y sistema judicial. Pero el problema, a mi juicio, no es tanto el modelo como su funcionamiento real.

La justicia española es lenta. Lentísima. Y esa lentitud es una forma de injusticia: un proceso que se prolonga durante años favorece siempre al litigante con mayor solvencia económica, capaz de resistir, recurrir y pagar abogados durante todo el tiempo que haga falta.

Además, es cara. Litigar en España supone asumir costes elevados, lo que convierte la igualdad ante la ley en un principio más teórico que práctico.

A esto se suma la creciente politización del discurso sobre la justicia. En estos momentos hay numerosas causas que afectan a familiares del presidente del Gobierno, a exministros y a altos cargos del PSOE. La reacción de algunos de ellos —y de su entorno mediático— ha sido recurrir al término lawfare, insinuando veladamente una prevaricación judicial.

Conviene recordar que la prevaricación es una acusación gravísima y que solo puede establecerse mediante resolución judicial firme. Las insinuaciones políticas, por muy ruidosas que sean, no sustituyen a los hechos ni a las sentencias. Es importante contrastar siempre estas afirmaciones con fuentes fiables y con las decisiones de los tribunales.

Una conclusión incómoda

La novela de Grisham muestra un sistema judicial contaminado por intereses económicos. Y, aunque los mecanismos sean distintos, la sensación de fondo es universal: la justicia, cuando es lenta y costosa, deja de ser igual para todos.

En Estados Unidos, en España y en cualquier parte del mundo, la justicia se vuelve más accesible para quien puede pagarla y más esquiva para quien no. Grisham lo narra desde la ficción; nosotros lo vemos cada día en los titulares de las noticias.


miércoles, 1 de julio de 2026

“Arrabal!, George Simenon

“Arrabal, George SimenonColección “Las novelas deSimenon”. Luis de Caralt Editor, 1975.






Novela que se lee con interés pese a que su protagonista es un personaje despreciable. Impresión que desde que se inicia la lectura invade al lector. Es descrito como un individuo extraño, un farsante, alguien que no quiere a nadie, salvo a sí mismo, pero que tiene el don de cautivar con su labia a las gentes. No hay trama y sí mucha descripción. Descripción de ambientes y de tipos humanos propios de un barrio periférico. Barrio que el protagonista hace ya cerca de veinte años abandonó y dejó de contactar con todos, también con sus padres. Ha recorrido medio mundo con múltiples y variadas experiencias vitales, incluida la prisión. Ahora ha decidido regresar, viene acompañado de una moza de un burdel, la cual “gestiona”.

Con estos antecedentes expuestos, no puedo añadir mucha cosa más. Quizás hablar de aquellos aspectos positivos hallados en esta lectura que son los ya apuntados, la descripción de la ambientación de un barrio y los personajes secundarios, arquetipos humanos en su mayoría, que lo habitan. Como siempre, muy logrados. En especial Matilda y su vivienda.

Historia, protagonista y final sórdidos.