lunes, 17 de agosto de 2026

De la novela "Hospital de sangre "de Frank G. Slaughter al espigón del Tarajal


Ceuta: cifras oficiales y realidad incómoda

Los datos oficiales hablan de decenas de muertos en pocos días: Interior reconoce al menos 67 fallecidos entre el 25 y el 30 de julio de 2026, mientras el Gobierno ha manejado cifras en torno a 72–78 cuerpos recuperados en aguas españolas. Organizaciones como Caminando Fronteras y medios que las recogen elevan el balance total a unos 141 muertos, sumando los cadáveres hallados en el lado marroquí.

La distancia entre estas cifras  no es solo aritmética: es moral. Porque detrás de cada número hay familias buscando desaparecidos, morgues saturadas en Tetuán, Tánger o Fnideq, y cuerpos acumulados en bases de la Guardia Civil.

Mientras tanto, el relato oficial insiste en la “normalización” de la ciudad y en el éxito de los dispositivos de seguridad, como si la tragedia fuese un episodio inevitable de gestión fronteriza y no el síntoma de un fracaso político y ético.

La población ceutí: frontera entre el miedo y la dignidad

Ceuta no es solo un escenario de paso; es una ciudad de ciudadanos españoles, y por ende, europeos, que viven en carne propia esta tensión permanente. Se les pide que asuman como “normal” que el mar frente a su costa sea un espacio donde se ahoga gente, muchas veces menor de 30 años, intentando alcanzar lo que se supone que es un territorio de derechos.

La población ceutí carga con varias contradicciones:

  • Seguridad vs humanidad: se les exige apoyar más vallas, más barreras flotantes, más presencia policial, mientras conviven con imágenes de cadáveres y rescates nocturnos.
  • Solidaridad vs abandono: se les pide que sean “solidarios” con miles de personas llegadas en horas, pero sin dotar a la ciudad de recursos reales y estables; los dispositivos de acogida de menores han llegado a estar miles de puntos por encima de su capacidad crítica.
  • Ciudadanía plena vs periferia sacrificable: Ceuta es España, es Europa, pero a menudo se trata como un laboratorio fronterizo donde se ensayan políticas de “contención” que difícilmente se aceptarían en la península.

Todo esto erosiona la idea de un “mundo civilizado” que respeta la dignidad y los derechos humanos. 


 Nadie está por encima de la Ley.

La situación de Ceuta  exige  recordar que los Estados no están por encima de la ley.

Autoridades marroquíes

  • Control de fronteras y uso de la fuerza: Marruecos reconoce muertos y heridos en su territorio, y detenciones masivas en la zona fronteriza.
  • Deber de protección: cuando se tolera o se impulsa, directa o indirectamente, que miles de personas se lancen al mar sin garantías mínimas de seguridad, se vulnera el deber de proteger la vida de quienes están bajo su jurisdicción.

Si se demostrara que hubo órdenes, omisiones graves o colaboraciones con redes que empujan a la gente a rutas letales, estaríamos ante posibles responsabilidades penales según su propio ordenamiento y los estándares internacionales de derechos humanos.

Autoridades españolas

  • Diseño de dispositivos fronterizos: España ha desplegado barreras flotantes, refuerzos policiales y prácticas como las devoluciones en caliente, ya cuestionadas por tribunales y organismos internacionales.
  • Conocimiento del riesgo: las autoridades saben que determinadas condiciones de oleaje, oscuridad y saturación de entradas convierten el mar en una trampa mortal. Aun así, se mantiene un modelo que prioriza la disuasión sobre la salvaguarda de la vida.

Cuando un Estado conoce el riesgo y no adopta todas las medidas razonables para evitar muertes previsibles, entra en el terreno de la posible responsabilidad penal por imprudencia grave, omisión del deber de socorro o incluso por prácticas incompatibles con la prohibición de tratos inhumanos. Eso lo deciden jueces; pero el debate público no puede mirar hacia otro lado.

El silencio institucional sobre el número real de víctimas, la ausencia de investigaciones transparentes y la falta de rendición de cuentas refuerzan la sensación de “silencio culpable” .



Hospitales de sangre: de la novela al espigón del Tarajal



En la entrada  sobre Hospital de sangre de Frank G. Slaughter, se describe ese hospital provisional cercano al frente, donde se atiende a heridos de uno y otro bando, montado en barcos o tiendas de campaña pegadas al campo de batalla. La idea de montar un “hospital de sangre” en Ceuta—un verdadero hospital de campaña, estable mientras dure la crisis, con medios suficientes, personal formado y protocolos centrados en salvar vidas—no es literatura: es una exigencia mínima de humanidad. Si el Estado sabe que miles de personas se van a lanzar al agua, la única respuesta ética es preparar dispositivos de rescate y atención médica como si se tratara de una operación militar de salvamento, no de una mera gestión policial.

Más de cien muertos y un silencio que pesa

Que hablemos de “más de cien muertos” es la constatación de que la frontera se ha convertido en un lugar donde la muerte es estadística recurrente.

El silencio culpable tiene varias capas:

  • Silencio sobre las causas: se habla de “mafias”, “redes sociales” o “efecto llamada”, pero se evita discutir el cierre sistemático de vías legales y seguras para migrar.
  • Silencio sobre las responsabilidades: se lamentan las muertes, se agradece el trabajo de los cuerpos de seguridad y emergencias, pero rara vez se abren investigaciones profundas sobre decisiones políticas y operativas.
  • Silencio sobre las alternativas: casi nadie plantea seriamente dispositivos humanitarios permanentes, corredores seguros o reformas legales que reduzcan la necesidad de jugarse la vida en el agua.


viernes, 17 de julio de 2026

“Paradiso”, de José Lezama Lima

 “Paradiso”, de José Lezama Lima. Colección Letras Hispánicas. Edición de Elisa Lizama Lima. Cátedra.


Me está costando hacer el comentario de esta novela del escritor   José Lezama Lima (La Habana, 1910–1976) uno de los escritores más singulares de la literatura hispanoamericana. Poeta, narrador y ensayista, creador de un universo barroco y desbordante donde la imagen es el centro de todo. Dirigió la revista Orígenes, impulsó a una generación de autores y convirtió a La Habana en una ciudad mítica dentro de su obra. En 1966 publicó Paradiso, novela compleja, autobiográfica y profundamente imaginativa, hoy considerada un clásico del neobarroco. Para mí, sin embargo, una nostálgica evocación de Cuba y su Habana-Vieja, la que yo conocí y viví en mi ya muy lejanas niñez y adolescencia.

Densísima obra, muy barroca toda, la trama, el lenguaje, las formas escritas y los personajes. Entre estos últimos, los secundarios de la primera parte e inspirados en su propia familia, me han resultado entrañables, pues los he visto como representaciones de tipos humanos que se dieron en la Cuba inmediatamente anterior y posterior a la independencia de España, y en cuya descripción y particulares historias hallé la parte más amena de la novela. Pero no puedo decir lo mismo con el conjunto de la trama y aún menos de los capítulos finales donde varios personajes parecen ser desdoblamientos del propio Lezama, del Lezama íntimo, o sea, su homosexualidad, frustraciones, patologías y limitaciones. Más que cubano, fue habanero. La belleza y la singularidad de La Habana se evoca con la lectura de este libro y muy especialmente, La Habana Vieja, desde la Universidad, calle San Lázaro, hasta los muelles, el Malecón, el cruzar la bahía con las lanchas de Regla y Guanabacoa, el entonces centro comercial de las calles Neptuno y Galiano, y, qué decir, de la maravillosa evocación de la calle Obispo, con numerosas librerías y su Ten-Cent. No deja monumento histórico o natural de ser aludido en su novela, los castillos del Morro y de la Punta, fortalezas en las que trabajó su padre y él mismo, el río Almendares, Santiago de las Vegas al Sur de La Habana…

Resumiendo, es una novela de lectura compleja, es decir, liosa, con un barroco, lenguaje y pasajes sexuales eróticos que rayan en la aberración, al menos para mí.

 

lunes, 13 de julio de 2026

El jurado, John Grisham

"El jurado", publicada en 1996,  novela de suspense policíaco en la que John Grisham despliega con precisión  su visión del sistema judicial estadounidense. Mundillo bien conocido por él, quien antes de convertirse en el novelista más vendido de EE.UU., ejerció como abogado y militó en el Partido Demócrata. Experiencia de las que sus novelas son buena muestra. 

En obras como La tapadera, El informe Pelícano o Legítima defensa —todas llevadas al cine— Grisham convierte los tribunales en escenarios donde se cruzan intereses económicos, estrategias turbias y una justicia que rara vez aparece como neutral.



En El jurado, la trama se sitúa en Nueva Orleans, en plena zona del Golfo, y gira en torno a una demanda contra una poderosa industria tabacalera. Los personajes centrales —Wendall Rohr, Rankin Fitch, Nick Easter y Marlee— encarnan distintas formas de presión, manipulación o interferencia en el proceso judicial. El jurado popular, teóricamente pilar democrático del sistema anglosajón, aparece aquí como una institución vulnerable, expuesta a influencias externas y a la compra de voluntades.

Grisham no salva a nadie: ni la defensa, ni la acusación, ni el propio jurado actúan con ortodoxia. Todos, como suele decirse, “traen el agua a su molino”. Y el juez que arbitra el caso lo hace con demasiada candidez . El resultado es una visión descarnada de la justicia estadounidense: un territorio donde quien tiene la bolsa más llena inclina la balanza a su favor.

Hasta aquí, ficción. Pero la lectura, inevitablemente, me lleva a pensar en nuestra realidad.

La justicia española: lentitud, coste y sospecha

En España no tenemos un jurado con el arraigo cultural del mundo anglosajón. Aquí confiamos más en tribunales profesionales, lo que crea una distancia entre ciudadanía y sistema judicial. Pero el problema, a mi juicio, no es tanto el modelo como su funcionamiento real.

La justicia española es lenta. Lentísima. Y esa lentitud es una forma de injusticia: un proceso que se prolonga durante años favorece siempre al litigante con mayor solvencia económica, capaz de resistir, recurrir y pagar abogados durante todo el tiempo que haga falta.

Además, es cara. Litigar en España supone asumir costes elevados, lo que convierte la igualdad ante la ley en un principio más teórico que práctico.

A esto se suma la creciente politización del discurso sobre la justicia. En estos momentos hay numerosas causas que afectan a familiares del presidente del Gobierno, a exministros y a altos cargos del PSOE. La reacción de algunos de ellos —y de su entorno mediático— ha sido recurrir al término lawfare, insinuando veladamente una prevaricación judicial.

Conviene recordar que la prevaricación es una acusación gravísima y que solo puede establecerse mediante resolución judicial firme. Las insinuaciones políticas, por muy ruidosas que sean, no sustituyen a los hechos ni a las sentencias. Es importante contrastar siempre estas afirmaciones con fuentes fiables y con las decisiones de los tribunales.

Una conclusión incómoda

La novela de Grisham muestra un sistema judicial contaminado por intereses económicos. Y, aunque los mecanismos sean distintos, la sensación de fondo es universal: la justicia, cuando es lenta y costosa, deja de ser igual para todos.

En Estados Unidos, en España y en cualquier parte del mundo, la justicia se vuelve más accesible para quien puede pagarla y más esquiva para quien no. Grisham lo narra desde la ficción; nosotros lo vemos cada día en los titulares de las noticias.


miércoles, 1 de julio de 2026

“Arrabal!, George Simenon

“Arrabal, George SimenonColección “Las novelas deSimenon”. Luis de Caralt Editor, 1975.






Novela que se lee con interés pese a que su protagonista es un personaje despreciable. Impresión que desde que se inicia la lectura invade al lector. Es descrito como un individuo extraño, un farsante, alguien que no quiere a nadie, salvo a sí mismo, pero que tiene el don de cautivar con su labia a las gentes. No hay trama y sí mucha descripción. Descripción de ambientes y de tipos humanos propios de un barrio periférico. Barrio que el protagonista hace ya cerca de veinte años abandonó y dejó de contactar con todos, también con sus padres. Ha recorrido medio mundo con múltiples y variadas experiencias vitales, incluida la prisión. Ahora ha decidido regresar, viene acompañado de una moza de un burdel, la cual “gestiona”.

Con estos antecedentes expuestos, no puedo añadir mucha cosa más. Quizás hablar de aquellos aspectos positivos hallados en esta lectura que son los ya apuntados, la descripción de la ambientación de un barrio y los personajes secundarios, arquetipos humanos en su mayoría, que lo habitan. Como siempre, muy logrados. En especial Matilda y su vivienda.

Historia, protagonista y final sórdidos. 

miércoles, 3 de junio de 2026

“Monseñor Quijote”, Graham Greene.





Monseñor Quijote”, Graham Greene. Editorial Argos Vergara,S.A.,dic.1982. Título de la edición original:”Monsignor Quixote”.Traducción: Jaime Zulaika. 

El padre Leopoldo Durán, sacerdote español  amigo de Greene citado por éste en su dedicatoria de la novela,  considera que el nacimiento de  esta obra se produjo en un viaje que realizaron juntos a Salamanca donde visitaron la tumba de Unamuno.

Hace ya unos cuantos años leí por primera vez este interesante libro del escritor británico, ambientado en la España de los años inmediatos a la muerte de Franco. En aquella ocasión centré mi atención en los contrastes ofrecidos por las dos figuras protagonistas, el cura párroco y el ex alcalde comunista de un pueblo de La Mancha. Binomio fundamentado en la pareja de Don Quijote y Sancho de la inmortal obra de Cervantes. Aunque en la ficción de Greene, Monseñor Quixote es el simplón y Sancho(Enrique Zancas) el más listo y rico tanto en experiencias vitales como en lecturas de  autores de diversas ideologías. Entonces pasé por alto las discrepancias y conflictos, graves por cierto, entre el cura y su obispo que dan lugar a la trama novelesca.

En esta segunda lectura las diferencias ideológicas de los protagonistas pasaron a un segundo plano y me fijé más en la similitud de sus razones íntimas, es decir de sus convicciones personales y modos de ser. Ambos, los dos, son personas buenas y de fe sincera en sus respectivas creencias. En el caso del curita, un alma de Dios, para Dios y también para su prójimo. Fiel practicante de la Ley Evangélica de Justicia, Verdad y Caridad (Amor) y sus lecturas o libros se  ciñen a los Cuatro Evangelios,  los manuales del teólogo alemán Heribert Jone,  "Las confesiones" de san Agustín, "El tratado del amor de Dios " de san Francisco de Sales y Las cartas de Teresa de Liseaux, (Marie-Françoise Thérèse Martin), conocida como Santa Teresita del Niño Jesús.

Creo que esta novela fue la última que escribió Greene( 1982) y  también es una muestra del conocimiento del escritor británico sobre la realidad española de ese momento. En ella se habla de ETA, del conservadurismo extremo de las autoridades religiosas, encarnado en la ficción por el Obispo y por el vicario que mandan como sustituto del Padre Quixote, del OPUS DEI y de sus fuertes influencias en la sociedad española de aquella época, de Unamuno, del Valle de los Caídos, de los indianos, aquí llamados “mexicanos”, cuando en la práctica real, serían de nacionalidad argentina, venezolanos o cubanos, pues cualquiera de estos tres países fue el destino de una mayoría de los gallegos y asturianos que, en el pasado siglo XX, emigraron a América y algunos de ellos, incluso, regresaron ricos.

En resumen, he vuelto a disfrutar  leyendo esta entretenida novela del escritor británico en la que recrea con conocimiento y cercanía la situación política, social y religiosa de la España inmediata al restablecimiento de la democracia.

Graham Greene es uno de mis escritores preferidos y todas las novelas suyas que he tenido la oportunidad de leer han sido de mi agrado porque me han aportado conocimiento y reflexiones acerca del enrevesado ente que todo ser humano constituye.

Seguidamente detallo las  entradas  que escribí tras mi primera lectura de esta novela de Greene.

silvialeyendo: "Monseñor Quixote", de G.Greene(El malvado Pilatos)(*)

silvialeyendo: Los abstemios (o de la abstención) (Monseñor Quixote) , febrero 19, 2007

silvialeyendo: Los mexicanos de Monseñor Quixote, novela de Graham Greene - febrero 2007

silvialeyendo: Monseñor Quixote (España y Greene)

silvialeyendo: Monseñor Quixote (El Sancho comunista)

silvialeyendo: Monseñor Quixote, por Graham Greene, febrero, 2007











sábado, 23 de mayo de 2026

El ruido y la furia, de William Faulkner

 El ruido y la furia, de William Faulkner

. Biblioteca de Autor William Faulkner. Colección “El libro de bolsillo”. Alianza Editorial, 2005. Traducción: Mariano Antolín Rato.




Hace ya unos cuantos días que terminé de leer esta conocida novela del escritor estadounidense, William Faulkner. Estuve a punto de interrumpir su lectura, tal como hace unos años hice con otra de sus obras, “El villorrio, porque ni los personajes ni la trama me gustaban. Mucha sordidez .

Este libro junto con “La campana de cristal” y “Fahrenheit 451” los había sacado prestados de la Biblioteca Municipal y tenía un plazo para devolverlos. Empecé con la novela de Sylvia Plath, seguida por “Fahrenheit 451”, dejando la de Faulkner para lo último. Cuando empecé a leerla no entendía nada, bueno más bien me veía ante una enmarañada historia, desarrollada en alguno de los estados del Sur de los EEUU, en los años rondando la Gran Depresión en la que había niños, blancos y negros, una abuela que agonizaba, una mamá que sufría de jaquecas o parecido, y unos cuantos servidores negros, entre los cuales destacaba Dilsey. No entendía bien la situación, pero resistí hasta la segunda parte en la que al menos se sobreentendía que el narrador, Quentin, contaba sus vivencias en un determinado día. Y fue en esa etapa cuando llegué a cerrar el libro e incluso pensé en devolverlo de inmediato a la Biblioteca. Finalmente, no lo hice y me alegro de ello.

Es una enrevesada historia de una aún más enrevesada familia sureña venida a menos. Quentin, Caddy, Benjey y Jason, los cuatro hermanos Compson, son los principales protagonistas de los cuatro episodios o capítulos de la trama argumental desarrollada en cuatro distintas fechas y también narrador. El primero y el más confuso de todos, 7 de abril de 1928, es el que corresponde a los interiorismos (pensamientos o diálogos interiores) o, no sé cómo llamarlos, de Benjy, un deficiente psíquico, un niño grande que quiere mucho a su hermana, llorón empedernido, del que siempre cuida un muchachito nieto de Dilsey. Lo llevan y lo traen y sufre con la ausencia de su hermana.

El segundo episodio o capítulo, 2 de junio de 1910 está protagonizado por Quentin, mayor de los hermanos Compson, teniendo como escenario Havard, a donde ha ido a estudiar y para lo cual se ha precisado vender un prado o parte de la propiedad familiar. Pasaje entremezclado de recuerdos y añoranzas de personas con hechos y circunstancias del pasado. Presagias un mal final.

El tercero, 6 de abril de 1928, es el de mayor claridad, aunque protagonizado por el odioso personaje de Jason, tipo egoísta, racista, envidioso y cruel, que no quiere a nadie, salvo a sí mismo. Capítulo de cuya lectura el lector puede tomar conocimiento del intríngulis de la historia. Una enredada trama en torno a una familia pudiente de un estado del Sur de los EEUU en fase de caída y disolución.

En esta novela hay un entrañable personaje, Dilsey, la fiel sirvienta negra, personaje que me ha traído a la memoria a Calpurnia, “Cal”, cocinera y cuidadora de los hermanos Jem y Scout, en la práctica una amorosa abuelaza y la que enseñó a leer a la niñita de “Matar a un ruiseñor”.  En ambas obras el amor y fidelidad que estas personas muestran por los distintos miembros de la familia a la que por generaciones han servido es digno de resaltar, así como sus principios morales y religiosidad, en contraste con los blancos ricos que les rodean, teniendo sus propias iglesias, es decir, todos sus miembros desde el predicador hasta los feligreses son de raza negra. Y en las dos ficciones hay un pasaje en que tanto Dilsey como Cal conducen consigo, imponiéndolos, a Bengy(niño grande) en el caso de Dilsey, y a los pequeños Jem y Scout, en el de Cal.

 

 

 

 

 

 

“Matilda, Roald Dahl.

 

“Matilda, Roald Dahl. Ilustraciones de Quentin Blake. Alfaguara Juvenil, 52 edición, Traducción:1989 Pedro –Barbadillo. Diseño de la colección: Manuel Estrada. Lectura para mayores de 12 años.





Libro que ronda por casa desde hace unos cuantos años, lectura recomendada a mis nietos cuando estudiaban secundaria. Basado en él hay una película dirigida por Danny DeVito; un musical  a cargo de la Royal Shakespeare Company y, una película adaptada del citado musical.

Es la historia de una chiquilla de tan sólo cinco años, de inteligencia muy superior y poderes especiales, con unos padres desastrosos, que poco o nada la quieren y estiman. Con escasos cinco años, ya se ha leído todas las más famosas obras y autores universales. El negro panorama de la pequeña en su casa se verá eclipsado con los abusos y arbitrariedades de la directora de la escuela, la Srta. Trunchbull, (Troncha toros) con el alumnado del centro público al que asistirá Matilda.

 Todo el libro es una sarta de historias y anécdotas increíbles, con unos padres y maestros que no son modelos de ejemplaridad, y sí todo lo contrario, con la excepción de la joven Honey (Srta. Miel). Consiguientemente, no entiendo el éxito de esta obra y mucho menos que sea dada como recomendación de lectura a los niños. ¿Qué enseñanza se les da?  ¿Qué se espera que puedan aprender? ¿Qué los libros puedan ser el sustituto del amor y cuidados paternos, amor y cuidados que son obligados(deber) de los padres con sus hijos? ¿Qué si los mayores son malos, tú debes responderles con artimañas y métodos parecidos o superiores a los de ellos? ¿Qué la escuela es un nefando lugar donde los malos maestros y profesores campean a sus anchas abusando de los pobres niños? Sinceramente prefiero las historias y cuentos infantiles oídos en mi ya lejanísima niñez, que a mi vez expliqué a mis hijas e incluso a mis nietos, entre los cuales me viene a la memoria , quizás porque fuera uno de mis preferidos, la versión de Walt Disney de “Alicia en el País de las Maravillas”, porque la original, la de Lewis Carrol, no me gustó nada de nada.

Las ilustraciones tampoco me han entusiasmado mucho, pero para gusto se han hecho colores.