El fenómeno migratorio y su problemática es un factor en constante crecimiento en todos los países avanzados europeos, entre los cuales es contada España.
Esa España que
encima tiene la particularidad de contar con parte de su territorio nacional, dos
ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, y el archipiélago canario, las unas en el
norte del continente africano y las islas en la plataforma africana, colindantes,
además, con Marruecos, país **emergente**, con una economía **diversificada**
pero marcada por fuertes **desigualdades sociales**, cuya riqueza se concentra
en el eje **Casablanca–Rabat–Tánger**, con amplias zonas rurales rezagadas,
donde la pobreza, la **desigualdad** y el **desempleo juvenil** son elevados, y
la participación laboral femenina es muy baja.
[World Bank
Group](https://www.worldbank.org/ext/en/country/morocco) [El Debate](https://www.eldebate.com/economia/20260801/crisis-ceuta-deja-descubierto-grietas-milagro-economico-marruecos_445708.html).
La crítica situación creada en Ceuta por la invasión de unas setenta mil personas a finales de julio pasado, ha traído a mi memoria la novela de Nevil Shute, “Aquel país lejano”, cuya trama se desarrolla en la Australia de los años cincuenta, inmediatos a la SGM. Ver comentario: silvialeyendo: Aquel país lejano, Nevil Shute.
Entre las muchas observaciones aportadas por la novela, hay una que merece ser destacada con luz propia: las normas
migratorias vigentes en Australia en la época descrita, según las cuales
los recién llegados debían trabajar dos años para el gobierno antes de
obtener la ciudadanía. No era un requisito simbólico, sino un compromiso
real, pensado para asegurar mano de obra en un país joven y en expansión, y
para seleccionar a quienes estuvieran dispuestos a contribuir de manera
efectiva a la construcción nacional.
Este dato, recogido en la nota (1) de la entrada
original, ilumina la novela desde un ángulo político: la prosperidad
australiana era un proyecto estatal que exigía esfuerzo, disciplina y una
integración basada en obligaciones concretas.
En tiempos
en que los movimientos migratorios son masivos y complejos, esta antigua
política australiana invita a reflexionar sobre un punto esencial: la
ciudadanía no es únicamente un derecho; también puede ser un contrato que implique
responsabilidades previas y verificables.



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