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domingo, 3 de marzo de 2013

Lázló Passuth


Estos últimos días estuve escribiendo sobre la figura de Don Juan de Austria. Sin darme cuenta  destruí  el documento. Mientras escribía el ya citado comentario acerca de Don Juan tuve que releer una vez más algunos de los muchos pasajes a él dedicados,  principalmente aquel en el que se describe su designación como capitán general de la Liga Santa. Nombramiento iluminado por el Espíritu Santo al entonces Papa, Pío V. Pasaje  para mí especialmente bonito y que más adelante transcribiré para que quien lea este comentario pueda, al igual que yo, disfrutar con su lectura. El caso es que releyendo éste y otros textos de la novela, así como la biografía de Passuth, de la que también  destacaré algunos de los detalles que entiendo abonan mi idea, caí en la cuenta de la gran religiosidad y profunda fe cristiana que esta gran novela nos desvela. Aspecto que hoy considero prioritario destacar. Cuya lectura me ha hecho recordar otros libros, leídos ya hace algún tiempo: “Las tierras flacas” del mexicano Agustín Yáñez,  “El Cardenal”, de Henry Morton Robinson, así como "De Profundis", de Oscar Wilde,  y las" Rimas y Leyendas" de Adolfo Bécquer;  porque todos son fuente de conocimiento para el lector  de historias,  ritos, oraciones, y demás cosas propias de la  universal Iglesia Católica. Pero, principalmente, porque hablan de la fe en Dios y en nuestro Salvador Jesucristo. A través de la lectura de la novela de Passuth conoceremos del denostado Tribunal de la Inquisición, de su modus operandi y  ámbito  supremo de jurisdicción, de los autos de fe, así como acerca de  algunas de las  más eminentes figuras religiosas de la época como por ejemplo Fray Luis de León,traductor  al castellano del Cantar de los Cantares,   el jesuita Francisco de Borja, la Madre Teresa de Ávila, o el Papa Pío V.

Seguidamente  remarcaré, como antes dije,  algunos detalles biográficos de Lázló Passuth: El escritor era húngaro, y escribió en un país sometido entonces bajo una férrea dictadura atea que perseguía, rechazaba y castigaba todo lo relacionado con Dios. Su profesión principal fue empleado de banca, actividad que simultaneó con la de escritor. Por esta circunstancia, me admiro  y pregunto, ¿¡cómo tan prolija  y laboriosa  labor que demuestra una profunda y extensa tarea de investigación previa?!,  pues, conviene recordar que este autor escribió otras muchas obras, algunas de ellas concienzudas novelas históricas, dos de las cuales he leído: “El Dios de la lluvia llora sobre México “, sobre la gesta de la conquista de México por Hernán Cortés, y “Aventura y muerte en las lagunas”,  en relación a la República de San Marcos veneciana  en los inicios del siglo XVI.



A continuación, transcribo (corto y pego) algunas de las frases más significativas leídas en relación a Passuth en la página argentina “La Editorial Virtual”:

… nació en Budapest, Hungría, el 15 de Julio de 1900. Pertenece a esa sufrida generación de europeos que tuvo el durísimo destino de tener que pasar por nada menos que dos guerras mundiales. En su caso personal, a eso todavía cabe agregar todos los avatares de la ocupación soviética, la revolución húngara de 1956 y las últimas décadas del régimen comunista. Originalmente siguió la carrera de abogado, doctorándose en dicha especialidad en la Universidad de Szeged. Trabajó en el ámbito bancario desde 1921 y hasta 1945, año en que ingresó en la Oficina Nacional de Traductores para hacer traducciones al húngaro de al menos ocho idiomas: latín, inglés, francés, alemán, italiano, griego, español y portugués. Su carrera de escritor comienza a mediados de 1920 con traducciones para publicaciones culturales. Visitó España en 1933 y, desde entonces, sintió siempre una especial simpatía y atracción por todo el ámbito de la cultura hispana… "El dios de la lluvia llora sobre México… se publicó en 1939 y resultó ser un inesperado éxito tanto en Hungría como en el resto del mundo. Con el correr de los años, la obra terminó formando parte de una trilogía hispana con el agregado de Señor Natural (1960), que se refiere a Felipe II y cuyo título en húngaro es «Terciopelo negro», y con El mayordomo de Diego Velázquez (1965). Otras obras notables referidas al ámbito hispano fueron Explorando el Pasado (1966) e Hispania Eterna (1969).
Escritor increíblemente prolífico,… la mayor virtud de sus narraciones reside justamente en una sorprendente precisión histórica obtenida de un contacto directo con las fuentes. Passuth se movió con igual comodidad tanto en la historiografía como en la arqueología o en el arte. Con un excepcional conocimiento de la materia unido a una brillante narrativa puso al alcance de cientos de miles de lectores las biografías, los comportamientos y las costumbres de los más diversos personajes de la Historia.
 … aun cuando no pudo ser acallado, el régimen comunista en Hungría tampoco se dignó de reconocerlo oficialmente. En 1948 lo expulsaron del Sindicato de Escritores. Hasta la revolución húngara de 1956 sólo pudo publicar bajo seudónimo.
 El resumen de su filosofía de vida probablemente esté encerrado en las palabras que en una oportunidad le dijo, muy en confianza, al crítico Elemér Szeghalmi: "en cada piedra, en cada diminuto pedazo de tierra o producto del ser humano puedes ver y experimentar los verdaderos signos cristianos. Sin esto no hay vida verdadera sobre este mundo."
Falleció en la cercana localidad de Balatonfüred, el 19 de Junio de 1979.
 
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Transcribo parte del texto del nombramiento  inspirado por Dios al entonces Papa, Pío V, narrado  en el cap. XIX, pág. 270:

“El Santo Padre …se inclinó sobre el libro y empezó a leer casi mecánicamente como había hecho en el trascurso de muchos miles de misas celebradas desde que era sacerdote. Leyó. Una frase se destacó dura pero brillante como una roca acariciada por el sol: “Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes”. Hubo un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. El Papa se detuvo. El acompañamiento, los altos eclesiásticos que seguían detalladamente todos los momentos de la misa, miraron a Pío aterrados. El Papa se había detenido, no seguía leyendo…La voz le falló…Una vez más dijo…”Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes”. Esperó, nadie se movía, nadie quería apartar su vista de aquel rostro que era inverosímil e increíble como en todos los milagros que se cuentan en los Hechos de los Apóstoles. El Papa preguntaba, y sólo la voz interior le respondía. Todo aquello duró un par de segundos. Luego se abrió, poderosa y triunfante, la llama interior, la inspiración divina… Y una vez más la voz subió triunfal…”Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes”. Los cardenales agacharon la cabeza. Sabían que habían presenciado un milagro y que tendrían que prestar testimonio a favor de Pío en un proceso que se iniciaría inmediatamente después de la muerte de aquel anciano áspero e impaciente. La voz de Dios había hablado.”

Posteriormente, en la pág. 308, se narra la visión que tuvo el Papa en el mismo momento de la victoria de Lepanto: “Algo había sucedido. El Papa se erguía…Así estuvo durante unos minutos, mientras los ojos de Bibiena permanecían fijos en él. Vio el milagro. Su voz llegó de muy lejos, al principio débil, luego vigorosa: ...Debemos dar gracias al Señor porque nos ha concedido un gran triunfo sobre los turcos… Diecinueve días más tarde llegó a Roma el correo especial del Dogo Mocenigo y trajo al Padre Santo la noticia de la victoria de Lepanto. Se comprobó que el Papa había tenido conocimiento del triunfo en el momento en que Marco Antonio Colonna arremetía contra La Sultana y la batalla quedaba decidida."
...“esta victoria en Lepanto fue el día 7 de octubre de 1571, mientras el Papa se encuentra en oración a María, la Madre de Dios, en su devoción al rosario; por ello instituye para este día la fiesta con el título de Nuestra Señora de la Victoria que en 1573 se denominará "del Rosario".”


Tengo la sospecha, en fin, que las fuertes convicciones religiosas del autor  húngaro le impulsaron a la utilización de   sus obras como medio para  enseñar y propagar a sus congéneres, principalmente a sus compatriotas,  la Universal Fe Católica, a ellos vedada por el  régimen soviético, enemigo feroz de la dignidad y libertad de ideas y creencias individuales.Parecer que de algún modo se acrecenta por la comparación de las actitudes y fines entre los gobernantes de España, Francia, Inglaterra y Escocia,  descritos en la novela. Comparación de la que según la visión ofrecida por  Passuth, España con Felipe II a la cabeza, sale airosa,.(“los españoles se representaban el mundo de una manera muy distinta que los hombres al otro lado de los Pirineos. Mientras habían vivido en el pequeño mundo de sus sierras, pobres, pendencieros, un pueblo de pastores, nadie se preocupó por aquel orbe hispánico…Pero el sueño se hizo de pronto una aterradora realidad. Desde Flandes hasta Nápoles, desde Veracruz hasta la isla de Luzón, imperaba por doquier la desenfrenada voluntad española, el tipo hispánico de voluntarismo…  reglas de etiqueta que un español genuino tenía que cumplir en todos los momentos de su vida. (…)El Hado era un enemigo de los españoles, la sumisión a él habría hundido al Mare Nostrum en todos los horrores de la indolencia. La época de oro de España, la que arranca del nacimiento de Santa Teresa y termina en la muerte de Calderón, vistió a la era heroica de Felipe en los ropajes de lo milagroso. Aquel siglo fue un interminable desfile triunfal de caudillos, poetas, santos y pintores, y parecía como si toda Europa tuviera que absorberse sin remisión en España… págs.193 y 194)


El rey del mundo hispánico es descrito como un ser de costumbres austeras(“Todo el mundo sabe que en el gabinete del Rey está sentado un hombre de manos entumecidas por el mucho escribir, espaldas encorvadas y alimentación escasa”), hondamente religioso y creyente en Dios Todopoderoso y Supremo Juez (“Todas las almas son iguales ante el Señor, con el nombre del cual en los labios hacen su último viaje”pág.190),   trabajador infatigable, (“escribe diariamente de siete a ocho horas) , entregado administrador y conocedor  de todo el reino (“provincias viejas y nuevas(…) está enterado de todo lo del Nuevo Mundo, a pesar de que todavía no lo ha visto. Sabe cuál es el camino de las flotas del tesoro, la producción de las minas, el rendimiento de las palmeras de aceite; sabe cuántos trabajadores se necesitan en las plantaciones de caña de azúcar, de tabaco, de cacao y de patatas. Cuando le piden más pólvora de lo acostumbrado, sabe que está desarrollándose una disimulada guerra colonial. Recibe noticias concretas sobre todos los monjes y sacerdotes aborígenes, conoce el orden de los lazos matrimoniales que ligan a la Corona a súbditos nuevos; él mismo confirma a los empleados que tienen sangre india en las venas”),  es ahorrativo (“En el despacho lleva el mismo jubón de terciopelo que utiliza en las audiencias”; discípulo de Loyola(“creía en la omnipotencia de la voluntad, en la fuerza de la libre decisión humana. Nunca, en ningún caso, inclinó la cerviz ciegamente ante el destino. La implacable sucesión de golpes que se abatieron sobre España en los últimos años de su vida no consiguió nunca ponerle de rodillas aterrado. Aquel hombre era un caballero del voluntarismo...odiaba a los protestantes porque habría sido imposible sostener  el mundo de Felipe bajo la asfixia de la predestinación...Porque, si todo está fijado...si todo estuviese ya decidido de antemano y la criatura se esforzase inútilmente en mejorar o en empeorar su destino. ¿Para qué serviría todo aquello si la voluntad del hombre no significase nada a los ojos del Señor? Por eso, quien más rabioso le ponía era el Maestro de Ginebra (Calvino), que con un látigo de acero defendía los fundamentos de su fe sin dogmas. Por eso odiaba Felipe al Hado, que pendía sobre las almas de los seguidores del profeta, empujándolos a una muerte heroica y a una vida frívola, en la que el papel de los hombres estaba ya prefijado por el destino.(pág. 193)No se inclinaba ante el Hado, y aquello significaba ante su propia conciencia que se hacía responsable él de todo”

En esta afirmación última, subrayada, quizás esté la clave de su penitente actitud, en su lecho de muerte, consumido por llagas pestilentes; porque tal vez  eran ofrecidas  en resignada penitencia por sus pecados. El que fuera poderoso señor de medio mundo,  concluyó así su vida terrenal. Reproduzco algunos de los párrafos del capítulo XL, (págs.31 a 33).


“…el Rey volvía al Escorial. Felipe sabía que era imposible resistir más de unos minutos junto a su lecho de enfermo. Nadie mejor que él para sentir la miseria de aquella impureza, él que siempre había querido limpieza y cuidado, lo mismo en los hombres que en los países.”
“Entró el confesor del Rey, el padre Yepes, que también había sido confesor de Teresa de Ávila en los últimos años de vida de la Fundadora. Traía en las manos el libro del “Castillo Interior (Las Moradas)”(…)El padre preguntó si podía leer(...)empiezo a leer: “El palacio del alma, un palacio maravillosamente grande, en cuyo centro está el castillo del Rey, rodeado por las moradas de los poderosos…Mirad ese maravilloso palacio, esa brillante perla de Oriente, el árbol de la vida, plantado por Dios en lo hondo de las aguas vivas…”
“…estábamos hablando precisamente ahora de Teresa(…)Era Difícil ayudarla. Tenía muchos enemigos. Si el padre Francisco de Borja, tan temeroso de Dios, no hubiese confiado en ella de una manera tan absoluta, muchos habrían podido creer quizá que Teresa tenía demonios en el cuerpo(…)¿Cuándo murió?- En el día de San Francisco de Asís(…)Cuando recibió el Santo Sacramento, se limitó a decir: ”Verdaderamente, ya es hora de que vea por fin a mi amadísimo Salvador”.