“Paradiso”, de José Lezama Lima. Colección Letras Hispánicas. Edición de Elisa Lizama Lima. Cátedra.
Me
está costando hacer el comentario de esta novela del escritor José Lezama Lima (La Habana, 1910–1976) uno
de los escritores más singulares de la literatura hispanoamericana. Poeta,
narrador y ensayista, creador de un universo barroco y desbordante donde la
imagen es el centro de todo. Dirigió la revista Orígenes, impulsó a una
generación de autores y convirtió a La Habana en una ciudad mítica dentro de su
obra. En 1966 publicó Paradiso, novela compleja, autobiográfica y
profundamente imaginativa, hoy considerada un clásico del neobarroco. Para mí,
sin embargo, una nostálgica evocación de Cuba y su Habana-Vieja, la que yo
conocí y viví en mi ya muy lejanas niñez y adolescencia.
Densísima
obra, muy barroca toda, la trama, el lenguaje, las formas escritas y los
personajes. Entre estos últimos, los secundarios de la primera parte e
inspirados en su propia familia, me han resultado entrañables, pues los he
visto como representaciones de tipos humanos que se dieron en la Cuba
inmediatamente anterior y posterior a la independencia de España, y en cuya
descripción y particulares historias hallé la parte más amena de la novela.
Pero no puedo decir lo mismo con el conjunto de la trama y aún menos de los
capítulos finales donde varios personajes parecen ser desdoblamientos del
propio Lezama, del Lezama íntimo, o sea, su homosexualidad, frustraciones,
patologías y limitaciones. Más
que cubano, fue habanero. La belleza y la singularidad de La Habana se evoca
con la lectura de este libro y muy especialmente, La Habana Vieja, desde la
Universidad, calle San Lázaro, hasta los muelles, el Malecón, el cruzar la
bahía con las lanchas de Regla y Guanabacoa, el entonces centro comercial de
las calles Neptuno y Galiano, y, qué decir, de la maravillosa evocación de la
calle Obispo, con numerosas librerías y su Ten-Cent. No deja monumento
histórico o natural de ser aludido en su novela, los castillos del Morro y de
la Punta, fortalezas en las que trabajó su padre y él mismo, el río Almendares,
Santiago de las Vegas al Sur de La Habana…
Resumiendo,
es una novela de lectura compleja, es decir, liosa, con un barroco, lenguaje y
pasajes sexuales eróticos que rayan en la aberración, al menos para mí.
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