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martes, 18 de marzo de 2008

Rascacielos, de Richard Martin Stern, mayo, 2005

Círculo de Lectores, año 1974, traducida por Sebastián Martínez y Luis Vigil. Título del original en inglés, "The Tower", publicado en 1973. Hay una película basada en el libro, "El coloso en llamas". No la he visto, pero sí oído hablar mucho de ella; tanto por los actores intervinientes como por la espectacularidad y el tremendismo de sus imágenes.

Pero, vayamos al libro. Tengo el convencimiento que cuando Stern escribió esta obra no pudo imaginar que la realidad llegara a semejarsele tanto. Y no sólo estoy pensando en lo de las torres gemelas del World Center de Nueva York , cuando el fatídico 11 de septiembre de 2001, sino también en lo del edificio Windsor, de la zona Azca de Madrid, neurálgico centro financiero de la capital de España. Así como otros derrumbamientos últimamente habidos, afortunadamente sin fuego, cuyas causas están aún pendientes de ser esclarecidas; pero que, según creo, puedan ser las mismas argumentadas por Stern en su obra. Estas causas son la corrupción y la suma de desidias personales.
Esta vez, no iré a las analogías vistas entre lo leído y la realidad inmediata que me rodea. No. En este caso hablaré de las diferencias existentes entre esta ficción y la realidad, específicamente la española. Para ello compararé lo contado en el libro, con lo hasta ahora sabido de los siniestros del Windsor de Madrid y lo del Carmelo de Barcelona. Este último, a mi juicio, aún más ajustable a mis razonamientos.

La diferencia mayor con la historia de Stern está en que allí los máximos responsables o culpables son, enseguida, buscados y, consecuentemente, hallados; exigiéndoseles de inmediato cuenta del delito. Todavía arde el edificio, cuando todos los posibles culpables pasan a disposición judicial: desde el inspector de obras, un funcionario público que se dejó sobornar y dio el visto bueno oficial a las chapuzas; al empresario contratista,(en este caso un subcontratista "hijo de papá") artífice de los trucos realizados para abaratar costes y obtener ganancias de un proyecto mal presupuestado, hasta el capataz-jefe de obras y ejecutor material de las chapuzas criminales. Es decir, fraude en los materiales empleados y corrupción entre las personas.

- Las otras causas, abordadas también por Stern en su novela, son las casuales negligencias individuales. En este aspecto, también hay diferencias notables con la realidad española. Aquí nadie entonará, jamás, el "mea culpa"; que, en la ficción de Stern, es entonado por todos los que, de una manera u otra, intervinieron en la cuestión, desde los policías que guardaban el recinto, pasando por el arquitecto responsable del diseño y a quién quieren cargarle “el mochuelo”, hasta los diferentes responsables políticos, bomberos, etc.

En resumen, la obra de Stern me agradó por los siguientes motivos:

- El ingenio del autor que se anticipó, casi treinta años, en narrar un hecho, entonces, muy poco probable, como la destrucción por el fuego, en pocas horas, de un descomunal edificio. Uno de esos maravillosos monstruos arquitectónicos dotados de la más avanzada ingeniería moderna que proliferan por el mundo, especialmente en los centros financieros internacionales, como símbolo ostentoso del poder de lo material. En el guión cinematográfico acontecía en San Francisco, pero en el libro, para mayor gloria de su autor, Nueva York con su World Center era el escenario escogido; y "The Tower"(la torre) el título original en inglés de la novela.

No obstante, no acaban aquí" los vaticinios" de Stern, puesto que el inicio de la catástrofe obedece a un acto terrorista de un suicida vengativo que ha escogido este lugar para demostrar a todos, al mundo entero, su capacidad de destrucción.

- La descripción del mundillo de intereses que se da en el sector inmobiliario y su íntima conexión con el poder político.

- Las numerosas explicaciones sobres cuestiones técnicas y seguridad, precisas en un inmueble de estas características; los problemas y obstáculos con que se topan los bomberos a la hora de extinguir sus fuegos, como, por ejemplo, la inexistencia de mangueras de tal extensión, escaleras apropiadas, las corrientes de aire en los pisos más altos, etc.
- Los diferentes tipos humanos descritos y sus distintas reacciones ante una misma situación, excepcional y difícil en la que afrontan perder la vida. Me estoy refiriendo a los personajes de la obra, entre los que destacaría al gobernador; definido como un político honesto, un tipo duro, que sabe y toma decisiones extremas en circunstancias precarias, con el claro fin de beneficiar a todos o al mayor número de personas, aunque las medidas sean perjudiciales al propio interés.