viernes, 17 de julio de 2026

“Paradiso”, de José Lezama Lima

 “Paradiso”, de José Lezama Lima. Colección Letras Hispánicas. Edición de Elisa Lizama Lima. Cátedra.


Me está costando hacer el comentario de esta novela del escritor   José Lezama Lima (La Habana, 1910–1976) uno de los escritores más singulares de la literatura hispanoamericana. Poeta, narrador y ensayista, creador de un universo barroco y desbordante donde la imagen es el centro de todo. Dirigió la revista Orígenes, impulsó a una generación de autores y convirtió a La Habana en una ciudad mítica dentro de su obra. En 1966 publicó Paradiso, novela compleja, autobiográfica y profundamente imaginativa, hoy considerada un clásico del neobarroco. Para mí, sin embargo, una nostálgica evocación de Cuba y su Habana-Vieja, la que yo conocí y viví en mi ya muy lejanas niñez y adolescencia.

Densísima obra, muy barroca toda, la trama, el lenguaje, las formas escritas y los personajes. Entre estos últimos, los secundarios de la primera parte e inspirados en su propia familia, me han resultado entrañables, pues los he visto como representaciones de tipos humanos que se dieron en la Cuba inmediatamente anterior y posterior a la independencia de España, y en cuya descripción y particulares historias hallé la parte más amena de la novela. Pero no puedo decir lo mismo con el conjunto de la trama y aún menos de los capítulos finales donde varios personajes parecen ser desdoblamientos del propio Lezama, del Lezama íntimo, o sea, su homosexualidad, frustraciones, patologías y limitaciones. Más que cubano, fue habanero. La belleza y la singularidad de La Habana se evoca con la lectura de este libro y muy especialmente, La Habana Vieja, desde la Universidad, calle San Lázaro, hasta los muelles, el Malecón, el cruzar la bahía con las lanchas de Regla y Guanabacoa, el entonces centro comercial de las calles Neptuno y Galiano, y, qué decir, de la maravillosa evocación de la calle Obispo, con numerosas librerías y su Ten-Cent. No deja monumento histórico o natural de ser aludido en su novela, los castillos del Morro y de la Punta, fortalezas en las que trabajó su padre y él mismo, el río Almendares, Santiago de las Vegas al Sur de La Habana…

Resumiendo, es una novela de lectura compleja, es decir, liosa, con un barroco, lenguaje y pasajes sexuales eróticos que rayan en la aberración, al menos para mí.

 

lunes, 13 de julio de 2026

El jurado, John Grisham

"El jurado", publicada en 1996,  novela de suspense policíaco en la que John Grisham despliega con precisión  su visión del sistema judicial estadounidense. Mundillo bien conocido por él, quien antes de convertirse en el novelista más vendido de EE.UU., ejerció como abogado y militó en el Partido Demócrata. Experiencia de las que sus novelas son buena muestra. 

En obras como La tapadera, El informe Pelícano o Legítima defensa —todas llevadas al cine— Grisham convierte los tribunales en escenarios donde se cruzan intereses económicos, estrategias turbias y una justicia que rara vez aparece como neutral.



En El jurado, la trama se sitúa en Nueva Orleans, en plena zona del Golfo, y gira en torno a una demanda contra una poderosa industria tabacalera. Los personajes centrales —Wendall Rohr, Rankin Fitch, Nick Easter y Marlee— encarnan distintas formas de presión, manipulación o interferencia en el proceso judicial. El jurado popular, teóricamente pilar democrático del sistema anglosajón, aparece aquí como una institución vulnerable, expuesta a influencias externas y a la compra de voluntades.

Grisham no salva a nadie: ni la defensa, ni la acusación, ni el propio jurado actúan con ortodoxia. Todos, como suele decirse, “traen el agua a su molino”. Y el juez que arbitra el caso lo hace con demasiada candidez . El resultado es una visión descarnada de la justicia estadounidense: un territorio donde quien tiene la bolsa más llena inclina la balanza a su favor.

Hasta aquí, ficción. Pero la lectura, inevitablemente, me lleva a pensar en nuestra realidad.

La justicia española: lentitud, coste y sospecha

En España no tenemos un jurado con el arraigo cultural del mundo anglosajón. Aquí confiamos más en tribunales profesionales, lo que crea una distancia entre ciudadanía y sistema judicial. Pero el problema, a mi juicio, no es tanto el modelo como su funcionamiento real.

La justicia española es lenta. Lentísima. Y esa lentitud es una forma de injusticia: un proceso que se prolonga durante años favorece siempre al litigante con mayor solvencia económica, capaz de resistir, recurrir y pagar abogados durante todo el tiempo que haga falta.

Además, es cara. Litigar en España supone asumir costes elevados, lo que convierte la igualdad ante la ley en un principio más teórico que práctico.

A esto se suma la creciente politización del discurso sobre la justicia. En estos momentos hay numerosas causas que afectan a familiares del presidente del Gobierno, a exministros y a altos cargos del PSOE. La reacción de algunos de ellos —y de su entorno mediático— ha sido recurrir al término lawfare, insinuando veladamente una prevaricación judicial.

Conviene recordar que la prevaricación es una acusación gravísima y que solo puede establecerse mediante resolución judicial firme. Las insinuaciones políticas, por muy ruidosas que sean, no sustituyen a los hechos ni a las sentencias. Es importante contrastar siempre estas afirmaciones con fuentes fiables y con las decisiones de los tribunales.

Una conclusión incómoda

La novela de Grisham muestra un sistema judicial contaminado por intereses económicos. Y, aunque los mecanismos sean distintos, la sensación de fondo es universal: la justicia, cuando es lenta y costosa, deja de ser igual para todos.

En Estados Unidos, en España y en cualquier parte del mundo, la justicia se vuelve más accesible para quien puede pagarla y más esquiva para quien no. Grisham lo narra desde la ficción; nosotros lo vemos cada día en los titulares de las noticias.


miércoles, 1 de julio de 2026

“Arrabal!, George Simenon

“Arrabal, George SimenonColección “Las novelas deSimenon”. Luis de Caralt Editor, 1975.






Novela que se lee con interés pese a que su protagonista es un personaje despreciable. Impresión que desde que se inicia la lectura invade al lector. Es descrito como un individuo extraño, un farsante, alguien que no quiere a nadie, salvo a sí mismo, pero que tiene el don de cautivar con su labia a las gentes. No hay trama y sí mucha descripción. Descripción de ambientes y de tipos humanos propios de un barrio periférico. Barrio que el protagonista hace ya cerca de veinte años abandonó y dejó de contactar con todos, también con sus padres. Ha recorrido medio mundo con múltiples y variadas experiencias vitales, incluida la prisión. Ahora ha decidido regresar, viene acompañado de una moza de un burdel, la cual “gestiona”.

Con estos antecedentes expuestos, no puedo añadir mucha cosa más. Quizás hablar de aquellos aspectos positivos hallados en esta lectura que son los ya apuntados, la descripción de la ambientación de un barrio y los personajes secundarios, arquetipos humanos en su mayoría, que lo habitan. Como siempre, muy logrados. En especial Matilda y su vivienda.

Historia, protagonista y final sórdidos.