sábado, 14 de febrero de 2015

Las bodas de Poitiers, de George Simenon, (1) (*)


Título original: "Les noces de Poitiers" librairie Gallimard, 1960 , traducción de José Luis Beltrán, Luis de Caralt Editor, 1975, Colección " Las novelas de Simenon". Me gustó el estilo de Simenon en “María la del Puerto” y he leído otra de sus novelas. La temática es bien distinta, pero coinciden en amenidad y dominio en la descripción de tipos humanos corrientes, esos que se dan y tenemos al lado, los que nos rodean. Las  historias tratadas son vivas; las circunstancias y los problemas cercanos. Los contados en esta novela son los afrontados por unos jovencísimos enamorados, de muy modesta condición económica, que han sucumbido al fuego de la juventud y pretenden escapar del posible rechazo del entorno familiar creado por los convencionalismos y costumbres de una sociedad de provincias de hace cuarenta o más años.  Apariencias, deudas, mentiras... forman una cadeneta peligrosa que casi ahoga a nuestro inmaduro protagonista. Un muchacho de veinte años que quiere a su madre, a su esposa y al inesperado fruto de sus amores y causa circunstancial de todos sus graves avatares.


El final, como el de" María la del Puerto", es bueno. Me gusta que termine bien. En la vida también debería ser así. Una vez leída la novela, reflexionas sobre el contraste tan enorme entre el ayer y el hoy acerca de nuestra juventud, la actual, la de la sociedad española. Tantos prejuicios antes, para pasar ahora, por lo menos en apariencias,  a la mayor frivolidad, indiferencia, irresponsabilidad y falta de valores. Malo ayer, pero peor hoy y... ¿mañana? No lo sé, pero no pinta muy bonito. ¡Ojalá, como Simenon, se pudiera escribir un buen final!
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(*) Éste y otros comentarios los he rescatado de un archivo traspapelado. Lo escribí en julio 2005.

martes, 10 de febrero de 2015

Las tierras flacas, (Jacob Gallo/Miguel Arcángel Trujillo)


Barcelona - Basilica de la Merced 19.jpgEste comentario va dedicado al personaje de “Miguel Arcángel Trujillo / Jacob(*) Gallo”, los dos nombres  o identidades con los que es conocido en la novela el mismo personaje, un sujeto especial entre los suyos, “los Trujillos”, porque es uno de los numerosos hijos del Pifas, el mujeriego patriarca, en el que vio cumplidas " la fuerza y la maña, juntas: la fuerza bruta y la soterrada", cualidades que al parecer de su progenitor le hacían el más apropiado y digno para sucederle en la jefatura de la heredad por él creada.

En Miguel Arcángel o Jacob Gallo, el autor, según creo, personificó la doblez o la imagen falsa que ofrecen ante sus congéneres , no todos pero si algunos gobernantes y políticos-independientemente de la ideología que digan representar-
y bajo la cual ocultan su única y primordial intención y objeto de su interés, que es el control único y absoluto del poder del colectivo o sociedad en la que participan.


En su novela,Yáñez nos da ocasión de razonar que éste, en apariencias distinto elemento del mismo clan, Miguel Arcángel, (¿Quién como Dios? y Jefe de los Ejércitos Celestiales )’ fue así denominado, es decir, se le impuso este nombre , al ser considerado por su perverso padre el mejor y más idóneo entre sus hermanos; y por tanto es el peor de todos ellos, para el resto de aquella comunidad.

Este personaje es descrito, en el ámbito de los negocios privados,  como  afanoso individuo, buscador de  tesoros ajenos ocultos,  quien a la par que los encuentra se los apropia. 

Y en el ámbito público, como político audaz  y gran manipulador que sabe conquistar a las masas. Gobernante  de los que en lugar de frustrar las insurrecciones, no hace nada con el fin de   luego reprimirlas con contundencia y aprovechar la ocasión para, eliminar todo posible contrincante e inoportunos testimonios. Es decir, sin remilgos ni escrúpulos utilizará a su conveniencia el poder y la fuerza para aparentemente "devolver" el orden a una sociedad civil, a la cual, de modo artero, antes se le ha  obligado a precipitarse por los cauces del desorden y la insubordinación como respuesta a una constante injusticia social cargada de abusos y atropellos sobre los más débiles. ¡Cuán parecido a la realidad!

Mi admiración y  alabanza por la obra de Agustín Yáñez  va en  aumento, según leo o releo párrafos y capítulos que me llevan a reflexiones como la más arriba expuesta. ¡Qué conocimiento  del ser humano y dominio en transmitir ese saber!

Este comentario es antiguo, pero no sé por qué no lo publiqué en su momento.
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(*) Jacob, el mítico patriarca bíblico, que suplantó a su hermano Esaú para en su lugar recibir la bendición paterna.

jueves, 5 de febrero de 2015

Felipe Derblay, de George Ohnet

Felipe Derblay, de George Onhet, edición de Editorial de Gassó Hnos., 1977, traductor del original en francés, José María Aroca. Novela ambientada en la Francia del último tercio del siglo XIX, que, según leí, cuando se publicó tuvo mucho éxito, y está considerada como la mejor obra de este escritor , desconocido por mí hasta la lectura de la novela a finales del 2014. Novelista cuyas producciones tuvieron mucho éxito entre sus contemporáneos y gozaron del mérito de desbancar a famosos escritores de la época como Alphonse Daudet y Emil Zolá. Luego, sin embargo, cayó en el olvido. También leí, en alguna de las biografías o antecedentes sobre Onhet, que su obra estaba conceptuada como folletín romántico; es decir, lo que creo que hoy denominaríamos “culebrón”. A mí me encantó. Y ello por los siguientes motivos:

  • El hermoso paisaje de fondo descrito en la novela, ambientada en la zona de Pont –Avesnes(Francia) y sus alrededores, incluido el histórico castillo de la Varenne, en donde, al parecer,el emperador Carlos V pernoctó una noche.
  • Los personajes representativos de los diferentes rangos sociales de la época y lugar, así como las virtudes y los defectos universales por ellos encarnados.
  • La descripción de los conflictos sociales entre una clase decadente (la aristocracia) y otra que está emergiendo ( la burguesía),y, además, de modo apabullante.
  • Y principalmente por el mensaje edificante de la obra. Su protagonista, Felipe Derblay, es representado como un ser altruista y de elevados principios morales. Persona luchadora y muy trabajadora que ama a los suyos con delicadeza y profundo cariño, los protege y defiende con ahínco. El amor, el amor sincero, desinteresado, generoso, entregado, es aquí exaltado y personificado por Derblay.

Dichas las causas de mi gusto por esta lectura, toca hablar de la novela. Una sencilla y hasta quizás algo “edulcorada” historia de amor; aquí con la particularidad de que él es un industrial rico, propietario de una próspera fundición, y ella una bella pero muy soberbia joven dama de la aristocracia francesa. Felipe y Clara. Él, de siempre, locamente enamorado de ella. Y Clara también se enamorará, pero antes hará méritos, muchos méritos, para un distanciamiento de sus almas. Estos son los dos personajes claves de la novela alrededor de los cuales el autor, Onhet, nos describe, bueno, más bien nos da unas pinceladas de la sociedad acomodada francesa de las dos últimas décadas del siglo XIX. Momentos en los que una pujante burguesía, en la novela representada por el Sr. Moulinet, industrial chocolatero, de muy humilde origen, pero ya un muy rico e influyente personaje, que, además, le gusta hacer ostentación de su riqueza , y hasta físicamente ocupar los puestos y lugares antes propiedad o reservados a los aristócratas. Éstos, en el cuadro de costumbres pintado por G.O. en su folletín, se hallan ya en franca decadencia económica. Y, consiguientemente, empiezan los cruces matrimoniales entre los miembros de ambas clases. Unos, los burgueses, para alcanzar lo que tanto ambicionaron y envidiaron de la clase superior , la aristocracia. Y éstos, porque su endogamia e indolencia les ha llevado ya a la ruina material o están muy cercanos a ella.



Para terminar quiero aclarar que en la edición por mí leída se cita como de una herrería el negocio de Derblay, pero entiendo, por la descripción hecha con alusión a grandes y numerosas chimeneas y otros detalles , que se trata de una fundición , algo así como las antiguas industrias de Altos Hornos del Norte de España. Y, también, que esta obra se le conoce como “Amor y Orgullo”. En España tuvo igual éxito que en Francia, gracias a la traducción de Julia Codorniu. Seguidamente, corto y pego, párrafo seleccionado de la biografía de George Ohnet publicada por biografiasyvidas.com:

"Merced a la traducción de la escritora de origen filipino Julia Codorníu esta ilustre descendiente de Félix María Samaniego, que firmaba sus obras como "Baronesa de Argeniere", los lectores españoles pudieron seguir, a lo largo de una serie de entregas aparecidas en La Correspondencia, la novela original de Georges Ohnet, titulada en castellano Las fraguas de Pont-Avesnes y acompañada -en dicha edición por entregas- por algunos poemas originales de la citada traductora. Comoquiera que en España el texto de Ohnet cosechó tanto éxito como en la tierra natal del autor, Julia Codorníu publicó también su traducción (hecha "en versos romancescos") en formato de libro (1882)."










viernes, 30 de enero de 2015

El testigo de Malétras, por George Simenon

EL TESTIGO DE MALETRAS - GEORGES SIMENON (Libros sin clasificar)El testigo de Malétras, por George Simenonnúmero 40 de la colección "Novelas de Simenon", traducción de H. Pedro de la Vega, editado por Luis de Caralt, Editor, 1975. Título de la obra original "Le bilan Malétras,1948, Librairie Gallimard; título este de la edifición francesa que me parece más adecuado porque emplea el término “bilan”, o sea, balance, el concepto contable que alude al recuento anual o inventario que se practica en los negocios con el fin de confrontar el activo(los bienes y derechos) con el pasivo (las obligaciones), es decir, lo que se tiene con lo que se debe. Pienso, pues, que a esta acción de recuento personal de su existencia, es lo que Jules Malétras, el protagonista, un sesentón,  un “hombre hecho a sí mismo", y al presente, un poderoso e influyente personaje que se codea con otros como él, también ricos e importantes comerciantes e industriales de aquella sociedad, pero que cuarenta años atrás, era un don nadie, un sencillo trabajador por cuenta ajena ocupado en múltiples empleos, quien, como vulgarmente se dice, “no tenía dónde caerse muerto”.

 En esta historia, cuya acción transcurre en El Havre, su protagonista se enfrenta a esta evaluación personal, a este balance, a lo cual se alude, con manifiesta claridad, en las páginas 140 y 141. Especialmente bonita me pareció- por otra parte - la metáfora empleada por Simenon para expresar las ansias de liberación de su pecado con los recuerdos del baño en su infancia. Recuerdo tan nítido que se traduce en olores y ansias de limpieza del cuerpo y del alma. Y es, entonces, cuando Malétras hace examen de conciencia, es decir, su balance personal. 
“...no con palabras ni con frases, sino con cifras, con cifras exactas trazadas con pluma de acero, con tinta bien negra en el duro papel de un libro mayor de contabilidad "Malétras".

Jules Malétras - como alguno de los otros protagonistas masculinos de las pocas novelas que he leído de Simenon - es un tipejo desagradable, egoísta empedernido que no quiere a nadie, aparte de a sí mismo, rico, pero cuya fortuna personal tiene oscuros e ilegítimos orígenes. Encarna al  "malo ". Casi todas las características que le adornan son defectos más que virtudes. El bueno de esta historia es Gancel. Este personaje junto con su familia, encarnan todo lo opuesto al protagonista, son sus antagonistas. A través del contraste de sus situaciones personales y la distinta manera de llevarlas y asumirlas, es lo que permitirá al lector llegar a conocer el gran drama personal que el torcido protagonista arrastra consigo cual pesada áncora.


En las páginas 116 hasta 122 se lee la visita que hace Malétras a Gancel, a altas horas de la noche, con el exclusivo fin de poder  "disfrutar" con alguien - así lo espera - en situación personal y familiar más desgraciada que la suya. Pero, (me río yo, je, je, je)...¡sale escaldado! Reproduzco algunas frases:


"¿Qué había ido a hacer? Había ido a ver a Job, encima de su montón de estiércol. Ver en su hogar, en su horrible intimidad, a un hombre que tenía todas las razones para quejarse del Destino. Y aquel hombre, a quien ya no le quedaba mucho tiempo de vida, rodeaba de mimos y cuidados minuciosos, como un enamorado, a una mujer reseca tendida bajo una manta...
Y ella le miraba con igual ternura, con la misma confianza. ¡Aquello era lo que le encolerizaba: la confianza que existía recíprocamente...! Podían vivir todos los días, de la mañana a la noche, en aquella habitación, con sus desgracias, compartiéndolas como sin darse cuenta de ello." (págs. 118 - 119)
"- Hice cuanto tenía que hacer - dijo Gancel...Lo demás lo decidirá Dios. Malétras...se sobresaltó. Y aquel sobresalto le recordó la época del catecismo, cuando le enseñaban que el diablo se espanta al contacto del agua bendita o al hacer la señal de la cruz. El agua bendita se la acababan de echar. El diablo era él." (pág. 119)
¿En qué se diferenciaban de los demás seres? No podía creer que fuera la bondad...él no creía en la bondad. El ser humano no es bueno. ...El hombre es bueno únicamente cuando necesita de los demás. Excepto su madre, nadie había sido bueno con él. El nunca había sido bueno, porque nunca había necesitado a nadie...”
Pero, me falta aún hablar del mundo cotidiano y de las mujeres que rodean a su protagonista.


El ambiente doméstico aquí descrito, es decir,  esposa, criadas, mobiliario, comidas así como las distantes relaciones con sus más allegados y la incertidumbre respecto al quehacer del marido fuera de la casa, me hizo recordar otra de las novelas por mí  leída de este mismo autor,  “El Alcalde de Furnes", y a su protagonista Terlink. Personaje desde el punto de vista familiar, también, "sui generis". Entre ambas novelas, pienso, se dan similitudes en cuanto al ambiente familiar descrito.  En las dos hay una madre, viva o en el recuerdo, que es una guía severa para el hijo; una esposa, señora de su casa; una peculiar cocinera; dos hijos (varón y hembra), con un papel de extraños al núcleo familiar del momento. De los cuales el lector sólo tiene conocimiento de que existen y de sus  relaciones poco afectivas con el padre.

También hay coincidencia en cuanto al  "hogar" descrito, pues no se corresponde para nada, ( al menos para mí) con las danzas y los ambientes  en los que transcurre esa otra vida que lleva el “señor de la casa”. Vida que se desarrolla en entornos y con otras mujeres, muy contrarios a los y las del propio hogar. Las del ámbito doméstico, madre, esposa, criadas…, mujeres honestas y hacendosas, puntales imprescindibles de la economía doméstica. En cuanto a las que busca fuera,  sólo diré que el sujeto encuentra lo que se merece.  En suma,  hay una clara división entre la casa de Máletras y lo que allí hay , con lo que busca y, obviamente, halla fuera de ella. De este navegar entre dos corrientes bien distintas, deriva el conflicto o argumento de  la novela. Estos  fuertes contrastes, por otra parte,   acrecentaron mi aversión por el protagonista masculino. 

En fin, ¡pobre Malétras!


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10 de marzo de 2018: He revisado, rectificado y unido en una sola entrada estos comentarios antiguos, inicialmente de mayo 2006, acerca de la novela de George Simenon, el prolífico escritor belga en lengua francesa, titulada en español, “El testigo de Malétras”.





sábado, 17 de enero de 2015

La de los tristes destinos, de Benito Pérez Galdós

Libro editado por Historia 16 - Información e Historia, S.L. con el patrocinio de Caja de Madrid, Madrid, 1995, dentro de los Episodios Nacionales,  es de las pocas obras de Galdós que no me ha gustado y  hasta pensé en dejarlo. Pero acabé su lectura para ampliar mi escaso conocimiento  sobre el período histórico allí abordado.

La de los tristes destinos”(*) es Isabel II, de España. Hija de Fernando VII, el rey felón, que murió sin descendencia masculina y aunque había sido abolida la ley sálica que impedía que una fémina asumiera la corona,  los españoles se enfrascaron en  tres sucesivas guerras civiles, las denominadas guerras carlistas, durante el siglo XIX,  divididos entre los llamados liberales, partidarios de Isabel y de una monarquía constitucional;  y los carlistas o tradicionalistas, partidarios de que el hermano del difunto rey Fernando, Carlos María Isidro de Borbón,  fuera él o alguno de sus legítimos descendientes varones, el que asumiera la Corona de España, y con ello la permanencia del absolutismo.
Esta soberana española fue, desgraciadamente, mujer de costumbres disolutas que ha pasado a la historia por su ineptitud para regir los destinos de un país, porque no supo, y además-  mejor y más preciso decir -   no pudo rodearse de personas aptas que le ayudasen en su labor de gobierno.
Así las cosas, no puedo estar de acuerdo con Galdós con lo de "la de los tristes destinos". No, en absoluto.  El de los tristes destinos fue su pueblo, sus súbditos, el pueblo español.

Pero no me parece justo con Pérez Galdós el dedicarle tan poco espacio a una de sus obras. Este prolífico escritor español, nacido en Canarias pero “hecho” en Madrid, junto con el británico Greene, fueron los dos autores más leídos por mí durante buena parte de mi vida. Cuyas obras despertaron en mí la costumbre de buscar en los libros -determinados libros, obviamente – los hechos reales y las verdades no contadas por otros.

Las dos obras de Galdós cuyo recuerdo tengo más claro son “Tormento” y “Misericordia”. Sus protagonistas son mujeres. La de “Misericordia” una sesentona. Una criada vieja. Un personaje entrañable, tanto como el “morito” (un sefardí marroquí) que comparte cierto protagonismo con ella. Me agradaría volver a leerlas.

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(*) Recomiendo la lectura del artículo “Isabel II: 'la de los tristes destinos' firmado por L. REGINO MATEO DEL PERAL (QUINO) aquí enlazado.

jueves, 1 de enero de 2015

¿Dónde están los niños?,de Mary Higgins Clark,


¿Dónde están los niños?, novela de Mary Higgins Clark escrita en 1975. La versión por mí leída corresponde a una edición del Círculo de Lectores, 1999, traducción del inglés de Anna Muria. Diseño de Emil Troger e ilustración de Ramón González. Título de la edición original: “Where are the Children?
En corto espacio de tiempo he leído tres obras de la escritora estadounidense Mary Higgins Clark. Afamada autora de novelas de intriga y policíacas, género que- aclaro- no me gusta, pero que con las tres obras leídas de esta escritora, he hecho amplia concesión, basada esta licencia en el tratamiento tan refinado (fino, suave) que considero hace de temas para mi gusto o parecer más bien escabrosos. Argumentos que, por el contrario,  son aprovechados por otros  autores de reconocida fama para dar rienda suelta a los pasajes más licenciosos. Higgins Clark, estimo,  aborda estas situaciones con sutileza y el comportamiento de sus personajes principales es de seres de rectitud moral, comprometidos con la sociedad, los cuales son impulsados por el amor al prójimo a  luchar con profesionalidad por el esclarecimiento de la verdad. La verdad pura y dura  Perseverancia que propicia el resultado final del triunfo de los buenos y desenmascarar al pérfido y malo. Bonito ¿verdad? ¡Como desearía fuera así en mi realidad inmediata!

Con ¿Dónde están los niños? MHC alcanzó su primer gran éxito de ventas en 1977, según leí en las tapas de alguno de los dos otros libros que de esta escritora he leído. El libro consta de unas doscientas páginas que se leen con fluidez. La protagonista es una sencilla ama de casa con dos hijitos que cuida amorosamente. Quiere a su marido y su marido la quiere a ella. Pero detrás de esta idílica estampa del presente hay otra –oscura y confusa –que corresponde al pasado inmediato de la protagonista.

Si bien la pedofilia, ese abominable vicio, subyace en el fondo argumental, en esta novela la escritora enaltece los beneficios  del amor, del amor sincero entre los cónyuges, capaz de superar juntos las más difíciles situaciones.

Tengo en mi poder, pendientes de su lectura, otras tres o cuatro novelas de esta misma autora, pero pienso que no las leeré. Prefiero las que versan acerca del lado bueno y mejor del ser humano, y no éstas que, aunque con discreción, nos hablan de la parte más mala y peor de la triste condición humana.



martes, 30 de diciembre de 2014

La pequeña Dorrit, Carlos Dickens


Se acaba el año 2014 y aún tengo pendiente de comentar tres de los libros que durante su curso leí. Así que me pongo a escribir para ver de concluir con el año las tareas pendientes.

Empezaré por el más antiguos de los leídos, La pequeña Dorrit, novela de Carlos Dickens, Editorial Bruguera, 6ª edición, marzo 1973, Colección Historias, Serie Clásicos Juveniles, nº 19, traducción Enrique Martínez Fariñas, ilustración de sobrecubierta de Bosch Penalva, ilustraciones interiores de Jaime Juez Castellá. Título original: “Little Dorrit”.

Hace ya unos cinco o seis años leí “Oliver Twist”, cuyo comentario dejé pendiente, y luego, cuando quise hacerlo, me sentí incapaz. No quiero que con “La pequeña Dorrit” me pase igual, cuya lectura me resultó amena y especialmente ilustrativa por los contrastes que nos ofrece la situación allí descrita en relación al presente, porque, en esta historia, Dickens nos habla de deudores morosos que van a la cárcel  y junto con ellos sus familias. 

Dorrit, la protagonista, ha nacido y vive  con su familia en la cárcel de Marshalsea, en cuyo interior, según describe Dickens, “había una prisión mucho más severa para contrabandistas, donde también se encerraba a los infractores de las leyes de impuestos y de tarifas aduaneras.”  Pienso que esta particularidad fue uno de los principales motivos que me llevó a continuar leyendo la novela, cuyos inicios no me agradaron mucho.  La historia es sencilla y en su fondo lo que prima es el amor y la ejemplaridad de las conductas tanto de la jovencita, una abnegada, sencilla, trabajadora y amorosa hija y hermana, como del protagonista masculino, Arthur Clennam. 

Por lo demás, creo que la trama argumental hoy queda fuera de lugar, pues hasta aparece un especulador financiero, muy bien conceptuado y hombre de moda en las altas finanzas,  que pone fin a su vida, incapaz de soportar el descrédito y el deshonor  que sobre él devendrían, tras el conocimiento público de sus trapicheos y, finalmente, causa y ruina de los muchos que en él confiaron. 

¡Vamos, que ni parecido con el presente, al menos de España! Este lugar del mundo en que prestigiosos banqueros,  y hasta ex miembros de gobierno o ex ministros, en apariencias o mejor dicho, esperada solvencia moral y económica, finalmente han metido la mano en el cajón y…