sábado, 23 de mayo de 2026

El ruido y la furia, de William Faulkner

 El ruido y la furia, de William Faulkner

. Biblioteca de Autor William Faulkner. Colección “El libro de bolsillo”. Alianza Editorial, 2005. Traducción: Mariano Antolín Rato.




Hace ya unos cuantos días que terminé de leer esta conocida novela del escritor estadounidense, William Faulkner. Estuve a punto de interrumpir su lectura, tal como hace unos años hice con otra de sus obras, “El villorrio, porque ni los personajes ni la trama me gustaban. Mucha sordidez .

Este libro junto con “La campana de cristal” y “Fahrenheit 451” los había sacado prestados de la Biblioteca Municipal y tenía un plazo para devolverlos. Empecé con la novela de Sylvia Plath, seguida por “Fahrenheit 451”, dejando la de Faulkner para lo último. Cuando empecé a leerla no entendía nada, bueno más bien me veía ante una enmarañada historia, desarrollada en alguno de los estados del Sur de los EEUU, en los años rondando la Gran Depresión en la que había niños, blancos y negros, una abuela que agonizaba, una mamá que sufría de jaquecas o parecido, y unos cuantos servidores negros, entre los cuales destacaba Dilsey. No entendía bien la situación, pero resistí hasta la segunda parte en la que al menos se sobreentendía que el narrador, Quentin, contaba sus vivencias en un determinado día. Y fue en esa etapa cuando llegué a cerrar el libro e incluso pensé en devolverlo de inmediato a la Biblioteca. Finalmente, no lo hice y me alegro de ello.

Es una enrevesada historia de una aún más enrevesada familia sureña venida a menos. Quentin, Caddy, Benjey y Jason, los cuatro hermanos Compson, son los principales protagonistas de los cuatro episodios o capítulos de la trama argumental desarrollada en cuatro distintas fechas y también narrador. El primero y el más confuso de todos, 7 de abril de 1928, es el que corresponde a los interiorismos (pensamientos o diálogos interiores) o, no sé cómo llamarlos, de Benjy, un deficiente psíquico, un niño grande que quiere mucho a su hermana, llorón empedernido, del que siempre cuida un muchachito nieto de Dilsey. Lo llevan y lo traen y sufre con la ausencia de su hermana.

El segundo episodio o capítulo, 2 de junio de 1910 está protagonizado por Quentin, mayor de los hermanos Compson, teniendo como escenario Havard, a donde ha ido a estudiar y para lo cual se ha precisado vender un prado o parte de la propiedad familiar. Pasaje entremezclado de recuerdos y añoranzas de personas con hechos y circunstancias del pasado. Presagias un mal final.

El tercero, 6 de abril de 1928, es el de mayor claridad, aunque protagonizado por el odioso personaje de Jason, tipo egoísta, racista, envidioso y cruel, que no quiere a nadie, salvo a sí mismo. Capítulo de cuya lectura el lector puede tomar conocimiento del intríngulis de la historia. Una enredada trama en torno a una familia pudiente de un estado del Sur de los EEUU en fase de caída y disolución.

En esta novela hay un entrañable personaje, Dilsey, la fiel sirvienta negra, personaje que me ha traído a la memoria a Calpurnia, “Cal”, cocinera y cuidadora de los hermanos Jem y Scout, en la práctica una amorosa abuelaza y la que enseñó a leer a la niñita de “Matar a un ruiseñor”.  En ambas obras el amor y fidelidad que estas personas muestran por los distintos miembros de la familia a la que por generaciones han servido es digno de resaltar, así como sus principios morales y religiosidad, en contraste con los blancos ricos que les rodean, teniendo sus propias iglesias, es decir, todos sus miembros desde el predicador hasta los feligreses son de raza negra. Y en las dos ficciones hay un pasaje en que tanto Dilsey como Cal conducen consigo, imponiéndolos, a Bengy(niño grande) en el caso de Dilsey, y a los pequeños Jem y Scout, en el de Cal.

 

 

 

 

 

 

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