martes, 18 de marzo de 2008

El fallo, por Antonis Samarakis, junio, 2006

A pesar de tener este libro hace más de veinte años,  aún no lo había leído. Es una novela de intriga escrita por Samarakis, griego (1919-2003). Entre sus datos biográficos más sobresalientes, sacados de la reseña que figura en el propio libro, cito que fue funcionario de las Naciones Unidas, gozó de gran celebridad en Grecia gracias a su producción literaria y sufrió persecución nazi.

El ejemplar por mí leído está editado por Seix Barral, Biblioteca Breve,2ª edición, año 1972, traducción del griego de Francisco Miranda. Por esta novela, publicada en 1966, Samarakis recibió el premio de los Doce. Mérito en Grecia equivalente al Goncourt francés (así consta en la reseña biográfica ya citada).El libro me gustó y eso que no hay mucha historia que contar. Relata las relaciones entre dos seres, policía y preso, en la jornada en que éste es trasladado a otras dependencias policiales.

Me recordó "El factor humano” de Graham Greene. Su título me hizo pensar en tema de tribunales de justicia y sentencias. No van, sin embargo, por ahí las cosas; sino de errores. Porque en cualquier estrategia - por bien urdida que esté - siempre que el elemento básico sea el humano, sus resultados últimos pueden estar fuera de lo calculado o previsiblemente esperado por su hacedor. Por mucho que se afanen algunos en pensar que el ser humano es una máquina, o un monigote capaz de ser movido como marioneta dócil; alguna que otra vez, en algunos de nosotros, ese algo que nos hace diferente al resto de los otros seres vivos, se rebela y revela, o simplemente, se anima. Sale entonces la vena de obrar a tenor de su libre albedrío, y consecuentemente, ya tenemos frustrado el plan más perfecto.

La trama argumental se desarrolla en un país con un régimen político dictatorial que persigue cualquier posible disensión. Para ello cuenta con un cuerpo de policía que no escatima medios ni modos para mostrar su fidelidad a quien le manda.

Este tipo de reacciones del ser humano en relación al grupo, creo es extensible a cualquier otro tipo de escenario. Por ejemplo, a empresas en las que los empleados también se ven sometidos a este tipo de presión, relegada su vida privada a un muy segundo plano. Se les exige vivir sólo para alcanzar los objetivos empresariales. A veces, algunos llegan hasta olvidar del todo a sus familias y a su capacidad de ser personas, individuos, que piensan por sí mismos. ¡Mal asunto!