viernes, 7 de marzo de 2008

El capitán y el enemigo,(1) de Graham Greene

Título del original en inglés "The Captain and the Enemy", editado en español por Seix Barral, 1ª edición, 1988, traducido por Ana Mª de la Fuente, Colección Biblioteca Breve. Obra publicada por un octogenario Greene en 1988. Libro leído por primera vez hace ya unos cuantos años. Sólo conservaba el recuerdo- buen recuerdo - , del singular personaje del Capitán y de su diligente protección por una tan desvalida como  simple mujer.

El libro, tras esta segunda lectura,  ha ganado en mi interés y aprecio. La trama argumental, narrada en primera persona, se desdobla en dos historias con etapas, panorámicas y problemáticas, bien diferenciadas . Pero ambas  protagonizadas por el trío compuesto por el Capitán, Liza y el niño-joven que nos las explica. Narración de lectura fácil y amena, como todas las otras ficciones de Greene por mí leídas. Su protagonista es más bien un anti-héroe. En esta novela, según creo, la singularidad del protagonista principal, el Capitán, se hacen superiores, ya que, tanto como de su verdadera identidad, como de sus hechos o actividades reales, sólo leemos opiniones e insinuaciones que alimentan sospechas e intuiciones poco favorables al personaje en cuestión. De tal modo que, si tuviéramos que catalogarlo por cómo intuimos  se gana la vida, diríamos de él que "no es trigo limpio". Si, por el contrario, tenemos en cuenta su fidelidad, desinterés, afectuosidad, consideración y  acción protectora mostrada hacia  Liza, el indefenso y sencillo ser amado y objetivo único de su existencia, bien podríamos calificarlo de "oro en paño".

Map of panamaComo antes cité, el argumento de la novela gira en torno a dos momentos bien diferenciados en la vida de sus tres protagonistas. Entre una y otra etapa han pasado unos diez años. Han cambiado muchas cosas. El escenario de la acción se traslada a nuevas latitudes y el narrador de la historia, Víctor/Jim, deja de ser niño para convertirse en un joven sin experiencia alguna de la vida.
Primeramente nos encontramos en  un suburbio del nebuloso y frío Londres, capital del Imperio Británico,  país poderoso, de antigua tradición democrática con sólidas instituciones y respeto de los derechos civiles. Más tarde la situación se traslada a  un pequeño país dividido y gobernado, dice Greene, por un socialista, en alusión a Panamá, el de los ochenta, cuando Omar Torrijos era presidente democrático y en Nicaragua, país vecino, la dictadura somocista, auspiciada o al menos favorecida por los norteamericanos, se mantenía en el poder por la fuerza y en lucha encarnizada contra los filo comunistas sandinistas, ayudados por la dictadura de Castro. País de clima tórrido y exuberante flora y fauna; de corta tradición democrática, en el que,  en ocasiones, sus gobernantes  -como en muchos otros países en otrora tiempos bajo la Corona de España - son amantes de los sables y de las pistolas y propicios de agarrarse al poder para con impunidad llenarse los bolsillos. En los que esta fuerza es ejercida en compañía con la del poder político-económico  formando una tupida red de corrupción que persigue sólo el interés particular y personal. Lejos, muy lejos, del bien o bienestar común, el de todos, o, cuanto menos de la mayoría. Panorama éste, obviamente, bien distinto al de Londres, capital de Reino Unido, regido por un sistema de monarquía parlamentaria y de reconocida tradición democrática..

 
 
 

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