jueves, 6 de marzo de 2008

La busca - El valor de la basura (La lucha por la vida) (3), octubre 2006

De los tres libros de esta trilogía de Pío Baroja , "La busca", fue el que más me agradó, seguido de la primera parte de "Mala hierba". El último," Aurora roja", sinceramente, no me gustó. Supongo que las causas de estas preferencias radican en las historias que se nos van contando de los distintos y tan variado número de personajes que desfilan por "La lucha por la vida". En La busca, quedan sin un final definido, más bien abierto. En el caso concreto del protagonista, Manuel Alcaraz, hasta esperanzador, porque el muchacho se define por estar no entre " los del placer, el vicio y la noche, sino los del trabajo, la fatiga, el sol."


En los últimos capítulos de La busca, aparece el personaje del Sr. Custodio, un trapero de los suburbios de Madrid. Un singular ciudadano que ha montado su negocio, un lucrativo negocio, sobre la basura recogida, que él y su esposa separan y clasifican -" con habilidad y rapidez para esto, pasmosa"- dice Baroja- "apartando en el mismo vertedero: los cartones, los pedazos de trapo, de cristal y de hueso". Leyendo los capítulos VI y VII, acudieron a mi mente los contenedores, de diferentes colores, que desde hace unos cuantos años para acá, adornan lugares estratégicos de nuestros pueblos y ciudades, colocados allí por los ayuntamientos respectivos. He pensado que pueden ser muchos los “Custodios” a los que los municipios les haya quitado la fuente de su sustento y negocio. Un buen negocio por otra parte, esto de la basura. En el capítulo VII, p.173, me maravilló leer cómo PB, un siglo atrás, ya apuntaba el pingüe negocio que sería la buena gestión de la basura de Madrid. He aquí algunos trozos:

“Por razón de su oficio, el trapero tenía una preocupación por el abono que se desperdiciaba en Madrid.Solía decir a Manuel: - Tú te figuras el dinero que vale toda la basura que sale de Madrid"_Pues haz la cuenta... a sesenta cts. la arroba, los millones de arrobas que saldrán al año...Extiende eso por los alrededores y haz que el agua (...) riegue esos terrenos, y verías tú huertas y más huertas.

Otra de las ideas fijas del trapero era la de regenerar los materiales usados. Creía que se debía de poder sacar la cal y la arena de los cascotes de mortero. El yeso vivo del ya viejo y apagado, y suponía que “esta regeneración daría una gran cantidad de dinero."

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